Mártires de Pino Tres: La sencillez de Fernando Figueredo

Vivienda de portal corrido de San Miguel

Sin darse cuenta Fernando Figueredo Castellanos  se había ganado el cariño de la gente sencilla y humilde como él. Era muy conocido en Macareño. Los que lo vieron nacer y crecer lo consideraban un buen muchacho, un buen hijo, un verdadero ejemplo de honestidad. Siempre se preocupaba por la familia. Desde muy pequeño comenzó a trabajar.

La Rural y algunos señores del batey lo miraban como a una persona conflictiva, por el único “delito” de ser amante de la justicia. Era “peligroso” para ellos porque se oponía a la tiranía de Batista, a un gobierno que había llegado al poder ilegalmente, a través de un golpe militar.

Llegó el momento y Fernando tiene que abandonar su querido hogar en Macareño. La familia pensaba que el muchacho había marchado a Bayamo y de ahí a la Sierra Maestra, pero Fernando estaba muy cerca del batey, estaba alzado en los montes de San Miguel del Junco. El mes de Julio estaba a punto de culminar. Habían transcurrido cinco años de los acontecimiento del Moncada

Luis Ramos Núñez estaba alzado en los montes de San Miguel cuando Fernando Figueredo llegó a la guerrilla.

“Se presentó con otro muchacho. Era muy jovencito. Tenía como 16 años de edad. Era trigueño, alto  y delgado. Roberto Cruz lo admitió y marchamos pa’ la Sierra.

Homero Monteagudo también se unió a la tropa rebelde:

“Estuve escondido durante un tiempo en Martí, en la costa norte de la provincia de Matanzas. Al llegar a Camagüey me incorporé a la tropa de Roberto Cruz. Pertenecía a la gente de Roberto Reyes. A Roberto Reyes lo mataron el 11 de julio. Llegamos a los montes de San Miguel y se nos unieron Fernando Figueredo y Alfredo Estévez.”

Más de treinta combatientes integraban la tropa de Roberto Cruz, entre ellos Fernando Figueredo Castellanos. Recibieron la orden del Comandante en Jefe Fidel Castro y sin perder tiempo abordaron dos camiones en Corojito de Vialla y bajo una luna llena avanzaron hacia la Sierra Maestra. En el contexto de la marcha, Luis Ramos, conversó con Fernando:

“—Tú eres de Macareño.

“—Toda mi familia vive el Macareño.

“—Voy a tratar de pegar los ojos. Estoy muerto de sueño.

“—Ya casi amanece. Así que aprovecha.

“Nos trasladábamos en camiones. Llegamos a Las Parras.

“Detuvimos unos vehículos de carga y le dimos candela. Fernando estaba casi descalzo. Prácticamente estaba sin zapatos. A pesar de la  necesidad de calzado, Fernando no fue capaz de utilizar para su uso personal ninguno de aquellos artículos. Era un sabotaje.”

En Las Parras el pelotón rebelde quemótambién una guagua de La Cubana y una rastra grande cargada de misceláneas: caramelos, camisas, zapatos y jackets McGregor, así como otras prendas de vestir. Posteriormente continuaron avanzando hacia el Este.

Homero Monteagudo recuerda:

“Marchábamos rumbo a la Sierra. Maestra. Pasamos El Cauto y en El Cauto, en una arrocera, nos encontramos con la vanguardia de la Columna 11. Nos detuvimos. Venía un práctico con ellos. Nos dijo:

“—No continúen avanzando. Esperen a la tropa aquí mismo.

“Acampamos en una arrocera. Los campesinos nos brindaron dulces: casco de guayaba. ¡Óigame, Fernando Figueredo yo no sé cuántas veces se había servido!. Bueno creo que fue el último en pararse. Se le queda el nombre de comilón.

“Entonces  le puse a Figueredo, el comilón, un tanto en broma y un tanto en serio.

“—¡Oye, Fernando, tú eres un comilón!.



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