Ernest Hemingway en la memoria de su patria chica: Cojimar (+Fotos)

Texto y fotos Lázaro David Najarro Pujol

Fragmento del libro Muchachos de los Canarreos 

La Habana.-Una y otra vez desde la bella ciudad de la Habana del Este corremos hacia el Torreón de Cojímar, una extensión de las defensas de La Habana, testimonio de una época, cuya fecha de fundación apunta al 15 de julio de 1649, cuando quedó establecido el primer asentamiento poblacional del territorio. El Torreón fue destruido en 1762 por los invasores ingleses, pero nuevamente rescatado de las ruinas y convertido en el Castillito.

–¡Rápido, rápido! ¡A paso doble! Hasta Boca de Cojimar –ordena el Instructor.

Boca de Cojímar se nos presenta como poblado de pescadores pintoresco y agradable.

– ¡Hasta el Castillito!

Al aproximarnos…

–¡Alto! –indica el Instructor.

Sólo la minoría llega al destino en formación.

–Hemos recorrido cerca de tres kilómetros. Tienen cinco minutos de descanso, pero no se sienten… Manténganse en pie o caminando. Respiren fuerte –recomienda el Instructor.

–Vamos, Lobaina, vamos, Miguel, a la ribera.

–Ustedes tres. ¿Hacia dónde van?

–A caminar hasta allí, Instructor… Solo vamos a ver aquel yate –responde Miguel.

En la ribera están fondeadas diversas embarcaciones pesqueras de distintas dimensiones y estructuras constructivas. Lobaina, Miguel y yo nos habíamos separado del grupo.

–A este lugar venía mucho el escritor norteamericano Ernest Hemingway. Él decía que esta era su patria chica. ¿Ustedes saben que yo soy de aquí, ¿verdad?

A la pregunta de Lobaina, Miguel y yo nos encogimos de hombro. Es un negrito prieto y bajo; fanático a la pesca deportiva. A veces olía a marisco.

–¿No lo ven allí, en el muelle?, ese es el yate Pilar

–El que está acoderado es el yate Pilar? –pregunto.

–Pues sí. En esa embarcación Ernest Hemingway se inspiró para escribir El viejo y el mar, Adiós a las armas, Las nieves del Kilimanjaro y ¿Por quién doblan las campanas?

Ahí cerca de nosotros, está ese barco del cual se habla con tanta emoción. Es una embarcación, sólida y gobernable en cualquier estado del mar; tiene la popa baja y con un cilindro de madera gruesa para izar las piezas grandes a bordo.

–Miren, Hemingway iba a comer en el restaurante Las Terrazas de Cojímar, exquisitos platos confeccionados con mariscos.

–¡A formar! –¡A formar! –ordena Lorenzo, el instructor.

–Vamos, vamos, que a ése no le gusta esperar –advierto.

Los rezagados llegan con pasos lentos, desorganizados. El Instructor anota nombres, como de costumbre. Ellos generalmente son convocados a repetir la caminata, pero aún más temprano. Iniciamos el retorno. La marcha ahora es más rápida.

–Uno, dos, tres cuatro. ¡Alumno, coja bien el paso! –requiere el Instructor.

Llegamos sudorosos y cansados a La Habana del Este. A lo lejos se distingue el Castillo del Morro, fortaleza de leyendas, que anuncia en su faro la señal al visitante desde los muros sombríos de la vieja ciudad. El sol se refleja sobre el mar. Ya los cocoteros no son bultos oscuros. Había clareado completamente. Día a día el mismo recorrido. . (Leer tanbién en esta entrada)

 



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