Tibor Dery y un repaso por la literatura centroeuropea

 

Por Rainer Castellá

Borges afirmaba que la lectura debe tener como único fin el goce y entretenimiento. Amante en este aspecto de las secuencias dinámicas y dados a la brevedad, pienso en el maestro, de verlo afanado a la lectura cultivada por los escritores centroeuropeos del período posterior a la segunda guerra mundial, como un artificio más de mi imaginación ante la exigua probabilidad de estos hechos, que evaden las acciones en la trama para centrarse en el análisis psicológico de los personajes, imbuidos a una reflexión de tiempo y espacio muy pintoresca y realista.

Pero con una ingeniosa belleza que por instantes evoca la influencia del expresionismo o tal vez, un poco más allá, al propio surrealismo, como marcaría el inicio del autor húngaro Tibor Dery, tardíamente descubierto en nuestro idioma con apenas hace unos años la traducción de su novela en España (una de sus obras consagratorias) “Querido Suegro”.

Una obra de estilo muy peculiar, con una gramática pulida y preciosista, el personaje central analiza su vida, el tiempo que la compone, el papel liberador o no que juega en ella y por último la inevitable decrepitud que supone la existencia como fin inobjetable a merced de un tiempo que entre escarceos y recovecos de modo casuístico, termina siempre por aplastar al hombre como un cruz inevitable de la que somos víctima y verdugo.

Cuatro elementos  básicos de análisis coexisten en esta novela, escrita desde la memoria, reitero, desde una prosa pulida y unas imágenes precisas que caracterizan el estilo impecable de estos escritores centroeuropeos, cuya mayor virtud radica en el recurso que emplea para el análisis psicológico en equilibrio con el entorno que vislumbra y hasta asombra al lector, por esa habilidad que forma una especie de espejo entre lo descriptivo externo y el marcado análisis interior del cual es justa hija de la literatura psicológica tradicional.   

En este sentido los autores centroeuropeos no escapan a la dosis racional del existencialismo francés. Quizás influencia en Sartre y Camus del resto de la literatura realista posterior, mas en ellos la intención filosófica no radica en hallar una respuesta o ausencia de esta la crisis que supuso el trayecto existencial del europeo previo y posterior a la post guerra.

En Tibor Dery este elemento se plantea de manera empírica, como una constante inevitable a la que se ve expuesto el ser con su realidad inmediata y la enajenación del mismo, como se esgrime en la obra del más reciente autor polaco “La Vieja” De Rafal Wojasinski, que narra a un hombre rechazado por todos, incluso por su propia familia y como alternativa inmediata para conciliar una paz y orden interno su propia naturaleza le conduce a la búsqueda irreductible de la soledad.

Es de suponer que el hombre centroeuropeo, a pesar de la hostilidad casi irreconocible de su tiempo, ve en la naturaleza que le edifica el cáliz para su salvación y preservación identitaria. Por ello es que este tipo de literatura no busca respuestas filosóficas a la existencia, como el existencialismo de Sartre, sino que es una literatura de supervivencia, como también podemos hallar en la novela muy amena y escrita a un ritmo cadencioso, a pesar de su profundo análisis psicológico, me refiero Al Hombre que Viajó Solo, del escritor rumano Constant Virgil  Gheorghiu.

Narra las peripecias del poeta Matissi que se ve envuelto para sobrevivir por unos pocos duros, en contar, a modo elocutivo, los sucesos de la guerra del bando ganador, que cada vez le resulta más ajeno hasta que termina por forzarse al exilio una vez cambia el curso de la historia. Haciendo latente la contradicción constante entre arte y política bajo el manto austero de la historia.

Esta novela rica en diálogo y exquisitos lapsos narrativos que afloran en una descripción justa y precisa del medio, constituye una joya literaria, producto del pensamiento social que infiere el autor para representar una época que le atemporaliza, tal como el poder del arte, que suscita de su propio contexto y le añade junto al resto de estos dos anteriores autores mencionados, un lugar cimero entre la literatura de culto centroeuropea. Quizás sea esta la más equilibrada y pródiga de nuestro tiempo y a la que los lectores latinoamericanos merecen un mayor acercamiento, aunque no siempre sea fuente de dinamismo y elemental entretenimiento. Francamente no sé lo que diría hoy el maestro Borges de mi resolución dispar, a su concepto sobre la lectura que además abordo, con la intención de estudiarla, informarme y crecer.



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