Anecdotario: El Niño de la bota Infortunada (breve desglose)

Por Rainer Castellá Martínez

Santa Clara, oct, 2.-¿Cómo es posible que una escultura perteneciente a una civilización tan opuesta y distante a la cubana haya llegado a convertirse, junto al Complejo Monumentario Ernesto Che Guevara y al teatro La Caridad, en símbolo de la ciudad de Santa Clara, en el centro de la Isla de Cuba?

La obra es conocida como El Niño de la Bota Infortunada, hermosa efigie que en 1925 fuera colocada en la fuente existente en el parque Leoncio Vidal. Este episodio comienza con el proyecto de construcción de la plaza, presentado al ayuntamiento local en 1904 por el escritor y licenciado villaclareño José Berenguer Sed y que después de varios proyectos, fuera aprobado el 18 de abril de 1921.

La figura del Niño de la bota infortunada apareció en un catálogo de sugerencias de una famosa casa de venta de objetos de arte, la J. L. Mott Company, de New York.

Allí, entre sus páginas, la encontró y seleccionó el coronel Francisco López Leiva para que se instalara en la fontana diseñada por él, y la hizo transportar a Cuba. La hermosa escultura comenzó a surtir el 15 de julio de 1927 cuando se inauguró el parque Vidal, en homenaje al aniversario 238 de la fundación de la villa (nueva reestructuración del parque Vida durante el gobierno de Gerardo Machado), por el gobernador de turno, Roberto Méndez Peñate.

Efigie de estilo moderno con pinceladas neoclásicas, al mejor estilo de la academia francesa, que han sido muestra de varias anécdotas. La más fidedigna plantea: plantean que representa un golfillo con rasgos afrancesados; otros, un chico harapiento jugando con su botica rota.

Pero, la realidad es muy diferente: el monolito reproduce a los chicos que acompañaban las tropas del ejército norteño en la guerra civil entre el norte y el sur de los Estados Unidos. Estos chicuelos marchaban tocando tambores, por lo que se les llamaba drummer boys, o sea, niños tamborileros. Al terminar las batallas, llevaban el preciado líquido a los heridos, la mayoría de las veces, en sus botines. En recordación a ellos se manda  fabricar una estatuilla a Italia y a partir de ella la ya mencionada casa J. L. Mott hace alrededor de 23 copias a una escala mayor y las comercializa.

Posiblemente, según su procedencia, El niño… no sea el único que exista actualmente en el mundo, aunque los hijos de esta ciudad lo han aceptado como suyo. Lo corrobora el hecho de que sobre él se han inspirado pintores y poetas, como Fabio Martínez Ramírez, cuando en sus versos expresó:

«Con un gesto de pillete de lejanos arrabales

 hay un niño encaramado en la fuente del Vidal,

 que sujeta en su manita ignorante de los males

 una bota que derrama tenues hilos de cristal.

 «Es el ‘Chico de la Bota’, que alejado de la vida



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