«El Artista y la Ciudad»: Equilibrada relevancia de las artes visuales y la literatura (+Fotos)

Camagüey Ciudad rojiza de piel de barro

Camagüey Ciudad rojiza de piel de barro

Por Rainer Castellá Martínez/Fotos Lázaro David Najarro Pujol

Sep. 2021.- A través de las imágenes (exposición fotográfica El Artista y la ciudad de Lázaro David Najarro Pujol) se insertan los textos ficcionales que hacen alusión primaria al esquema visual de las ilustraciones con la intención de recrear la belleza contextual de los sitios más representativos de Camagüey.

Encaminado, en primera medida, a inducir al lector al mundo fascinante de la fotografía y que esta imagen a su vez cobre forma en una historia de ficción. Pensé, cuando se lo propuse al periodista y amigo Lázaro David, en el diseño de libro de almanaque o misceláneas, por ofrecerle una categoría genérica, buscando la similitud literaria entre la imagen y la palabra escrita.

Un equilibrio que se corresponda un tanto desde lo formal a la versatilidad de géneros que pretendía escribir: crónica, poesía, relato, artículo.  Este es un recurso empleado por los autores de la vanguardia surrealista: Jean Cocteau, fue uno de sus exponentes, diría yo más representativo en esa intención de acercarse a la imagen lo más posible, desde el lenguaje escrito, dada sus dotes para el cine y la dramaturgia.

Podríamos hablar de que este tipo de libro no nace básicamente de la literatura en sí como órgano o masa exponencial, sino de la imagen en toda su extensión natural y la hibridez que lo consiente, acaso bajo la evidente sutileza del lenguaje visual que aparece imbricado en André Breton, el fundador del surrealismo y su novela corta Nadja, en el cine de Luis Buñuel y en la pintura de Salvador Dalí, en este tipo de textos reposa en el culto a la imagen.

De ella el autor literario concibe su semilla, en este caso yo, que no ejerzo otra función que la de un decorador de las ilustraciones, un decorador artificioso, además, prescinde de los elementos clásicos o esquemáticos del género convencional y somete sus textos a una división gráfica de las historias.

Por tanto, no es un tipo de libro que requiere del impulso estructural establecido por academias literarias: dígase, inicio, desarrollo, nudo, desenlace. Tampoco se puede asimilar como una antología de historias dispares porque a su vez requiere de un corpus temático que guía al lector del mismo modo que el público contempla en orden cronológico la exposición fotográfica. Siempre y cuando exista la posibilidad de eludir el orden y asumirlo a libre elección, como también lo hacen lo textos.

Esta es una característica que estuvo de moda durante la vanguardia literaria, ajena a la estructura tradicional en la novela con autores como Proust y Joyce.

Incluso en el cuento también los autores tomaron un camino de ruptura, a los clásicos de Poe e incluido Maupassant, pienso en los autores del Río de la Plata, Felizberto Hernández, Horacio Quiroga, Bioy Cazares y Julio Cortázar, Borges no está contenido en este grupo, a mi entender, porque maneja un esquema más cerrado y matemático para la confección de sus relatos,

Borges nunca fue surrealista, siempre fue moderno por condición temporal, ¡pienso que ni siquiera eso!, sus relatos se publicaron durante el modernismo tardío, a fecha consecuente, con una base estética tan clásica que clasificaría su obra, en especial sus relatos fantásticos, de transición entre el esteticismo decadente inglés de finales del siglo diecinueve al modernismo literario de la vanguardia artística del siglo veinte.

No es mi intención hacer un recuento y menos aún valoración de estos movimientos literarios, tampoco de la magnífica obra de Borges, solo me detengo en este apartado, para hacer mención del cuento de ficción que he elegido para decorar, por así decirlo, las fotografías del Artista y la Ciudad.

Con el recurso minucioso de la ficción y tras haber concluido el primer relato alegórico a las fotografías, comprendí que la ficción sería lo más recomendable para el proyecto-libro, puesto que la realidad provista de una belleza casi hiperrealista asumida por el autor de las fotografías en ese regodeo idílico de ilustrar varios sitios representativos de la bella Villa del Camagüey, requería de una dimensión más amplia y figurativa que la crónica e incluso la poesía, no podrían ofrecerle.

La primera se quedaría en una simple calcomanía de emociones o halagos y alguna travesura narrativa que sería evidente trazaría el autor con las ansias de fabular mañosamente lo que imita la representatividad sobrada de la realidad en el arte fotográfico.

La poesía, más noble en su decursar de imágenes visuales acudiría a un camino verdadero que solo en su ponencia de imagen más surreal ofrecería sutilmente algo diferente al reflejo de tonos, formas y colores en la imagen fotográfica.

Opté por la ficción fantástica, el relato causal que parte de la imagen, y toma un sendero libre y voluminoso de artificios y mundos mágicos que muy bien se pretexta en la suntuosidad de la villa y su arquitectura.

Doce cuentos de estilo neo gótico se pretenden trazar para este proyecto minucioso que no solo embellece o amplía la dimensión del arte visual en sus fotografías, sino que también se abraza al lenguaje literario, ataviado a lo real maravilloso de una ciudad de la categoría patrimonial como el Camagüey.

Resumiría varios elementos que destacan la propuesta buscando un resultado social desde lo artístico más allá que el evidente esquema, concebido, a fuerza de capricho estético, de mi parte, al ofrecer el decorado literario de las imágenes:

El proyecto evidencia la equilibrada relevancia de las artes visuales y la literatura mediante el uso y el protagonismo de la imagen no del discurso formal. (Vínculo que brinda una provechosa cercanía de colaboración entre ambas ramas del arte)

Si bien no es su intención proponer un replanteamiento de diseños estéticos dentro de la literatura, ni siquiera el retorno al pensamiento crítico de la vanguardia artística, tampoco renuncia a la búsqueda de nuevas formas estético literario.

Sirve de referente a la teoría literaria que se aborda en los talleres provinciales y de técnicas o recursos e implementos tanto desde la imagen para la poesía como del discurso descriptivo y conceptual en la prosa.

Ante todo, no solo divulga el patrimonio cultural del Camagüey, sino que lo enriquece desde el lenguaje literario no del discurso narrativo sino desde la ficción figurativa. ¿Qué pretendo decir con esto? Que explora otros campos ilustrativos más ricos que la realidad latente sin evadir en lo más mínimo su condición natural como ciudad patrimonial.

Dicho lo anterior, por obvias razones, desde lo literario les añade a las fotografías un sentido estético más universal y patentiza su identidad al recrear en no pocos de sus relatos, las leyendas tradicionales de la Villa.

Reafirma, por tanto, no solo su indiscutible valor patrimonial, sino que a su vez enriquece desde el discurso literario el patrimonio inmaterial con el plausible ensalce de sus tradiciones y costumbres populares desde el amplio dominio de su identidad histórica.



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