En «Hablando en letras»: Vicios del tiempo, de María de Antoms y «la niebla de sus historias» (+Fotos)

Por Rainer Castellá Martínez

Agos 2021.-A propósito del cuento: Ernesto Sábato confiesa en una entrevista recogida en su libro LO MEJOR DE SÁBATO (antología fragmentaria de sus mejores ensayos y obras de ficción) que El Túnel esa emblemática novela que aborda la agonía y la incomprensión del prójimo en el pintor Juan Pablo Castell.

Un personaje según el propio Sábato, loco hasta lo absoluto, « afirma que la diferencia entre un novelista y un loco es que el novelista puede ir hasta la locura y volver. Los locos no vuelven, ni son capaces de escribir una novela de locos.» A mí me pareció que la soledad a la que se había destinado Juan Pablo Castell tenía mucho de sentido objetivo, ¡digo!, por lo menos no resulta descabellado que un artista repudie al prójimo al considerar que María Iribarne, la joven protagónica, contempla el cuadro, que representa una joven mirando el mar desde la ventana, y que al parecer solo ella pudo percatarse de la soledad de la ventana que sirve de trazo al paisaje. Raíz de un análisis objetivo, el hálito desesperanzador del artista afín al receptor en  el mensaje que anhela trasmitir en su arte, creo yo, es suficiente razón para abrigarse al desconcierto y la soledad confinada, que suscita luego en el abismo más pavoroso de la propia sensación del hombre insatisfecho con la propia obra del artista, esa segunda capa que acaso lleva debajo de la piel y que le divide o duplica en naturaleza tanto para condicionarlo a aquello en lo que cree que para desacreditarlo como lo que a fin de cuentas, reconoce que no es ni ha llegado a ser, la renunciación es lo que genera el espacio límite o la situación extrema en la que se ven implícitos muchos personajes de la narrativa moderna. El autor escribe desde la concesión peculiar del “yo,” se disfraza del personaje, y deja que relativice cada situación que se cuenta a lo largo del argumento. La narrativa en primera persona (mi favorita en este caso), es lo que hace a la ficción veraz. En nuestro tiempo el autor no sufre de la obsesiva sugestión de narradores  omniscientes. Ni la novelística, ni el relato, dependen del juicio irreductible de la verdad para analizar lo que se cuenta. La era moderna es plural y relativa, eficaz en la búsqueda de imágenes, en el ritmo y en los efectos emotivos, en la dosis gradual de sugerencia y tratamiento de los personajes. Claro que estas cosas son posibles en textos de mediana, o tamaña extensión, el molde se incorpora a la técnica y el estilo que diseñe el autor, como un artesano al barro o un pintor al óleo; la precisión, si bien jamás desaparece tampoco es una condición latente. Unos tres años antes confesé en una entrevista que mi género literario favorito era la novela breve porque no da pie al error, como la novela larga, debí referirme a la novelística, pienso ahora, puesto que en aquel entonces le prestaba menor atención al relato y escribía menos de los que hago ahora. La fragilidad del error en el diseño estético del autor, esa vulnerabilidad impiadosa que se siente cuando estás convencido que estilo, voz, argumento, imagen, concepto, ¡todo, en absoluto todo!, es divisible en la novela corta e incluso el relato largo, medido por lo efímero, pero que a su vez, no te limita a la pausa y la corrección, no creo ahora sea cómplice de la fragilidad del error (repito) desde la perspectiva real de lo efímero, esos pies que se alistan al vacío y que el autor sabe que su misión consiste en desandarlo sin permitirle al vacío su abrazo fiel. Porque tiene la certeza que la posibilidad de acertar es tan efímera como el tiempo y el espacio en que se desarrolla lo que narra en el cuento breve de unas pocas palabras (una o dos cuartillas máximo) y más aún si se trata del Microrrelato. Un subgénero del cuento o hijo menor, una pequeña píldora que no debe carecer de ningún componente antes señalado en los géneros mayores de la ficción, y que el autor más osado, resume a través de un orden de colocación de palabras como caracteres, muy fino y elevado, que simboliza y conceptúa, dando por sentado que el ingenio del escritor no radica en la dimensión cuantitativa de sus obras sino en librar el desafío que supone lo efímero en la creación literaria. No permitir que los pies se arrojen al vacío no es solo misión de la fortuna sino del ejercicio oficioso y pulido de contar historias. Hoy «Hablando en letras» en su último espacio del verano, comparte en conjunto la semblanza crónica del escritor y periodista Camagüeyano Lázaro David Najarro Pujol, sobre la obra  de la narradora tunera  María de Antoms, seguido a unos microrrelatos de su autoría.

Vicios del tiempo, de María de Antoms: «la niebla de sus historias»

Por Lázaro David Najarro Pujol

Ago, 2021.- Poetas y narradores de la ciudad cubana de Las Tunas visitan con frecuencia la sede de la filial camagüeyana de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), para intercambiar sus obras con creadores y lectores de la Ciudad de los Tinajones.

Muchas de los libros son publicadas por la Editorial Sanlope, del Balcón del Oriente cubano. María Sao Rodríguez (María de Antoms, 1971), sorprende con sus minicuentos, contenidos en Vicios del tiempo (2008), quizás estimulada por la influencia dejada por Augusto Monterroso con El Dinosaurio.

Cuando Eduardo Hera León ofreció el Curso de Técnicas Narrativas en el programa televisivo Universidad para todos, promovido por el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, muchos narradores comenzaron a trazar cuentos breves. Fidel estaba estimulando la lectura y el conocimiento de la habilidad de escribir.

Y María de Antoms no escapó al reto de la abreviación y regala a los lectores sus Vicios del Tiempo, que a decir del editor Alberto Garrido Rodríguez: «Pocos parecen recordar la antigüedad del género, la huella de los maestros. De las parábolas de Jesús (la del hijo pródigo es tal vez la obra maestra del genero) o las de Kafka a la de Eliseo Diego, del realismo socio de Carver a las viñetas de Ángel Santisteban, de la fantasía y la ironía de Virgilio Pinera. A Monterroso, ha estado siempre en la literatura cubana como una presencia fantasma».

María de Antoms me dedica con sencillez su primer libro (23 cuentos breves en solo 40 páginas), y me insta a atreverme a leer el cuadernillo que distingue, además, por la intensidad de su contenido (un diseño más pequeño en dimensiones).

La osadía es Antoms que asumió con dignidad maravillosos cuentos brevísimos y molestos, que tienen la virtud «de la brevedad y la intensidad de la ironía y la poesía. […] Capaces de mezclar y pervertir los límites de realidad y ficción. […]. Personajes triviales, fracasados, soñadores y amantes surcan el libro. Y el humor caustico de la atora los corroe y acrisola».

Consideran también que no se trata de influencia, aunque quien no ha tenido influencias en su vida como narrador. «A la cara nos tira la autora el smog de sus personajes, la niebla de sus historias, el susto de ponerlos de pie a vivir junto a nosotros».

El más brevísimo de la obra es Verdad:

«Se despertó mojada, él duerme aún.»

María Antoms cita en sus brevísimos cuentos a autores preferidos: Mariátegui (La vida que me falta es la vida que mediste), Pablo Neruda (De tus caderas a tus pies quiero hacer un largo viaje), Roberto Manzano (Ayer no más el candil sobre la madera) y Carlos Esquivel (El hombre siempre va preso de la bala que lo busca).

Paradoja

Por María Antoms

Para Osmel, que me inventó cuando no existía.

Corre, corre el niño mirando el cielo, grita una y otra vez:

–Avioncito tráeme una hermanita para ponerle María Caridad.

Mi hermana está dormida, descansa, el avión la trajo y luego se la lleva y me la devuelve siempre que ella tiene el dinero para pagar el pasaje.

-Abuela, viste, mi hermanita es rosadita y con mucho pelo/

Corre, corre el niño mirando el cielo, grita una sola vez para que se haga el eco.

–Avioncito graciassss!

Tiempo

Por María Antoms

Un hombre abandona el lecho desconcertado, la frialdad del piso le acribilla los huesos. Se estremece. Pasa las manos por los ojos lironeses y poco a poco recorre su cuerpo, se crispa por temor, hurga el lugar buscado, descubre que no es un sueño, se da vuelta lentamente y deja caer las manos en la cama tibia, pero rociada.

Notas:

[1] María Sao Rodríguez. Dibujante, escritora, caricaturista, licenciada en Estudios Socioculturales, Máster en Desarrollo Cultural Comunitario, presidenta del Círculo de Humoristas e Historietas de Las Tunas y profesora de la universidad territorial.



Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.