Rayuela y Cortázar en el dominio de lo conocido

Julio Florencio Cortázar fue un escritor y traductor argentino

Julio Florencio Cortázar fue un escritor y traductor argentino 1914-1984()

Por Rainer Castellá Martínez

Santa Clara, Cuba, ago, 2021.-El ejercicio literario tal como se comprende a modo conceptual es un componente de estructura literaria ávida para el estilo discursivo y los modos, más o menos personales, de cada autor que infieren en la capa macilenta, por así decirlo de la teoría literaria.

Claro que la literatura goza de mayores herramientas, al menos desde lo artístico, para conformar un molde mayor que un resumen práctico de simples normativas técnicas con forma académica. Concuerdo con los críticos más exigentes, (me refiero a los que menos comprenden de arte y más de teoría literaria) que en la literatura no es posible hablar de lo uno sin lo otro.

O sea, el campo de la visión creativa, virgen en su magnitud más prolongada, por el artista resulta un misterio para el creador que asume el uso del lenguaje como una herramienta pendenciera y contradictoriamente divina para desandar en la maleza de lo desconocido.

De este rasgo de arte puro se pueden citar muchísimas obras, desde el Quijote hasta los cuentos de Canterbury por muy diverso que resulte la comparación, sin que por ello el creador renuncie a ciertas normas estructurales, yo diría que matemáticas y de las que muchos autores contemporáneos se valen, influenciados por la moderna escuela francesa sobre la teoría literaria, donde cito en la poesía al escritor y brillante poeta T.S ELIOT como uno de sus máximos exponentes, y a los argentinos Borges, Bioy Casares y Sábato, preferiblemente.

Escuela estética que ha influenciado mucho mis obras, en particular mi novela Trazos Oscuros. Ahora bien, la excepción de la regla, virtud o no, de los autores de la vanguardia argentina que al leerlos no parece le sobra ni una sola palabra en cada una de sus páginas, incluyo en este último ejemplo a Ricardo Piglia, y que probó tal vez desde el lenguaje poético otras formas de explorar la realidad surreal y el tiempo, fue sin lugar a dudas el brillante escritor argentino Julio Cortázar, específicamente con su obra total Rayuela.

¿Por qué decimos que Rayuela es una obra total? Difiero de Lezama Lima en su opinión sobre Rayuela y cito sus palabras textuales, tomada del libro “Lezama Disperso”:

«Es patética. Cortázar tiene ojos de Argos. Domina mucho  su material visualmente. Sabe lo que hace y sabe que también entra en el juego de patear el balón. Pero Cortázar, ¿es un hombre de ocaso, o un hombre inaugural? Lo que se sabe en él es más poderoso que lo desconoce y en un escritor grande, poderoso, lo que desconoce  tiene que ser mucho más fuerte que la corriente crítica….»

Hasta cierto punto estoy de acuerdo con el análisis de Lezama, un poeta y ensayista cubano que cultivó el lenguaje tupido o barroco, para socavar secuelas de ese hermetismo imaginario que lo separa, solo en apariencias, de la influencia surrealista y lo coloca en un sitial supremo y más generalista, con su monumental novela Paradizo, entre los escritores insulares de referencia obligada en la literatura de Cervantes, pero que a su vez como poeta que se rinde irremediable al campo inexplorable en su totalidad de la imagen, deroga en parte el diseño típico de la novela, deficiencia estructural que hayamos en los capítulos de Paradizo y que poseen muchos escritores hispanoamericanos que en la obra de Cortázar, como bien asegura Lezama, conocedor del molde que ha diseñado para su obra inmortal, no pierde las riendas a lo largo de la novela. El pensamiento crítico del que parte Cortázar para escribir Rayuela es precisamente su fortaleza y no su deficiencia.

Una novela que si bien analizamos su argumento carece de sustento o atractivo, puesto que esgrime desde una visión impersonal en determinados momentos y en otro personal, la incursión, un tanto dubitativa de la cultura argentina en el Paris nostálgico y bohemio de la postvanguardia artística.

Un Paris que encanta y hiere en todo aquel que lo asimila desde fuera, sin entregarse en su absoluta envoltura al supremo encanto de su arte todo. Un arte todo que es dignificado, por así decirlo, desde la identidad y sus anhelos de reafirmación, en ocasiones tímidas reafirmaciones culturales, por parte de Oliveira y la Maga, esta última en menor medida.

En resumen Rayuela trata sobre la identidad, este el tema esencial de la novela, la semilla que desprende en Cortázar un sendero mágico y encantador por Paris. Un Paris que para el que no haya tenido la suerte de visitarlo, lo comprende a la perfección desde el límpido espejo que pone Cortázar ante los ojos del lector.

Haciendo gala de imágenes de una factura impresionista, me atrevería a garantizar, como pocas obras escritas desde el siglo viente en adelante. Comparable a la visión macro universal del Quijote durante su trazo creativo en la segunda parte del Quijote, preferiblemente.

No soy amigo de las comparaciones, pero si destacamos a un autor, en este aspecto, categórico en modos estéticos, y dotado de un pensamiento crítico que le permite manejar una obra que sale del molde convencional y a su vez dominarlo a su antojo ese es Julio Cortázar y no otro.

El Faulkner hispano, sin lugar a dudas, que se apoya en su fuerza lírica para respaldar el lenguaje literario, que aquí concuerdo en todo sentido con Lezama, reconoce decadente y gastado, a diferencia del Ulises de Joyce, un autor que fue capaz de convertir el diálogo común en literatura, el Ulises es una obra de iniciación, pienso que sí, una obra total, sin dudas.

Ahora bien… ¿Solo porque Cortázar pone límites al lenguaje y se arma de un sólido pensamiento crítico, para concebir en Rayuela algo más que una gama indescifrable de descripciones y sucesos decantados en lo trivial, no lo es? Cito a Lezama en su definición final sobre Rayuela:

«En Cortázar, la parte crítica, la parte cenital es muy superior a la otra parte, al extremo de la balanza, es decir, al inconnu, al desconocido. Por eso digo que es más bien un hombre de la era de los ocasos y un hombre de la era crítica, que un hombre que significa la nueva medida, el nuevo rumbo, la nueva distancia.»

Respondo con la mayor escuetidad posible y fundado respeto por ese grande intelectual que es y será nuestro Lezama Lima.  El lenguaje en Rayuela no es decadente, porque Cortázar lo engalana, lo hace plausible desde la concesión suprema de la imagen, usada como diría el maestro Borges, «al estilo del pan rallado»

«… Las nueces aplastadas y rojas sobre el barrio latino de noche, el aire húmedo con todavía algunas gotas de agua que un viento desganado tiraba contra la ventana malamente iluminada… Más arriba, debajo de las canaletas de plomo, dormirían las palomas también de plomo, metida en sí mismas, ejemplarmente antigárgolas… »

O visto desde su memoria, en los tantos soliloquios que pincelan la obra como si el diálogo fuese imprescindible o la misma vida de los personajes se adhieran a la pulida cárcel que enerva en el pensamiento del autor: « Maga, en cada mujer parecida a vos se agolpaba como un silencio ensordecedor, una pausa filosa y cristalina que acababa por derrumbarse tristemente, como un paraguas mojado que se cierra. Justamente un paraguas, Maga, te acordarías quizá de aquel paraguas viejo que sacrificamos en un barranco del Parc Montsouris, un atardecer helado de marzo.

Lo tiramos porque lo habías encontrado en la Place de la Concorde, ya un poco roto, y lo usaste muchísimo, sobre todo para meterlo en las costillas de la gente en el metro y en los autobuses, siempre torpe y distraída y pensando en pájaros pintos o en un dibujito que hacían dos moscas en el techo del coche… y en tu mano se armó una catástrofe de relámpagos fríos y nubes negras, jirones de tela destrozada cayendo entre destellos de varillas desencajadas…»

En cuanto a que el pensamiento crítico es superior al campo inconnu, a lo desconocido, desde la raíz conceptual del estilo, estoy de acuerdo, pero la riqueza del argumento donde reposa la secuencia de pasajes impresionistas de la obra y que respalda la naturaleza de los personajes, ya no desde una realidad inmediata, sino desde cierta negación de la realidad que tan bien se maquilla en la trama, conquistando una nivel idealista y supremo de esa propia realidad inmediata, difiero que surreal, como aseguran algunos críticos, porque lo surreal coexiste en manifiesto con la percepción del subconsciente de los personajes, que por no omitir o restarle preponderancia al tiempo, como en un esfuerzo plausible y final se reivindican con este mediante su concesión unificada, esta es acaso la columna vertebral del diseño que ha preparado Cortázar sobre la novela, una disparidad relevante de coherencia, solo posible a través del tiempo unificado en la memoria de los personajes y de su propio autor.

Esa suerte de dualidad atemporal que monta en un mismo plano una secuencia de la otra, es digna de una teorización literaria llevada a la práctica con justa eficacia, por un autor cuyo afán de obra total, se abre a los pendencieros e insondables esquemas de su vastísimo campo intelectual. Si concebir una obra así, consiente del punto de partida y desandar el trayecto certero de lo que hallará al final, suspendido en el abrazo divino del esplendor poético del lenguaje, no es concebir una obra total. Me niego entonces a comprender cuál otra podría calificarse como tal.

En mi caso personal necesito algo más que emoción para animarme a escribir u ofrecer un criterio irreductible sobre una obra literaria determinada. Confieso que releer a Rayuela me hace mucho daño, pues tardo varias semanas en motivarme a la lectura de otra obra.

En gran medida por su estilo que cada vez me resulta más fresco, por su argumento cada vez más sibilino y encantador, por la visión de un intelectual que me atrevo a esgrimir entre capítulo y capítulo, ante el pánico que me sugiere sucumbir al trayecto infinito de un genio literario como Cortázar, porque él y solo él ha sido capaz de descifrar el campo incognoscible, la insaciable urdimbre de su Rayuela, desde el fértil dominio de lo conocido.



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