Camagüey, referencia en el proceso de formación de la cultura cubana (II) (+Fotos)

La literatura fraguada en el siglo XIX desempeño un rol importante en el proceso identitario cubano, especialmente la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda, “porque fue la primera que describió en su novela Sab los horrores de la esclavitud…”

Texto y fotos Lázaro David Najarro Pujol

Camagüey, Cuba.-El maestro Reinaldo Echemendía Estrada, director del Ballet Folklórico de Camagüey, enfatizó sobre la influencia de la cultura de la provincia agramontina en el proceso de formación de la cultura cubana, a la que caracterizó como de referencia nacional, publica hoy el portal de la UNEAC.

Añadió que Camagüey también generó determinada influencia en la identidad cubana forjada en el siglo XIX “cuando dejamos de ser criollos y dijimos Al combate corred bayameses, que la patria os contempla orgullosa”.

“Entonces, ahondó, todo cambió y no porque la gente empuñara el machete y marcha a la manigua, sino porque la gesta libertadora es un proceso cultural  que nos llega hasta hoy. Y como dijo Fidel Castro: Esta es una Revolución que comenzó el 10 de octubre hasta el 1ro de enero de 1959.

“Cuando éramos criollos no había una conciencia política, pero ya en el siglo XIX los atisbo de la nacionalidad empezaron a aflorar como expresión del pueblo que se sentía cubano.

“En esa época, dijo, llega el apogeo de la contradanza que entró por el sur del oriente cubano con la Revolución haitiana y la entrada de los colonos con su estilo de contradanza. Nos entra también la country dance por el occidente con la toma de los ingleses de La Habana.

“¿Cómo nos llega la contradanza? Se convierte en criolla a partir del tipo de música que se hace con la contradanza: representativa, con sus trajes y todo lo que nos enseñaron los españoles que venían de Europa, pero cuando los cubanos la bailan las  piernas están flexionadas y la música va acompañada con timbal y güiro. Aparece el cinquillo que caracteriza la contradanza, la danza, el danzón, el danzonete y todos los antecedentes y consecuentes del danzón”

Reinaldo Echemendía Estrada reflexionó que ese proceso de la identificación, Camagüey “no está ajeno a todo esa transformación. “Cuando se escucha el zapateo de la región, también representaba en suelo de la región la forja de una tradición que nos llega hasta hoy.

Ese proceso que se origina en los bailes campesinos camagüeyanos nos identifica en el siglo XIX como toma de conciencia nacional. Es una expresión eminentemente nacional.

Destacó el pensamiento político de Ignacio Agramonte, identificado en aquella época de “romántico revolucionario vinculado  al pensamiento de la Revolución francesa, por eso nuestro himno , la Bayamesa,  tiene cierto parecido con la Marsellesa.

“En los análisis de la identificación se ha tratado en algún momento de desconocer, los aportes africanos a la cultura camagüeyana. Nosotros no somos ni africanos, ni hispano, sino cubanos”.

Defendió igualmente que tanto el ajiaco camagüeyano, como el San Juan (con cuatro siglos de existencia), devienen tradiciones que aportan a la cultura con una manera diferente — con particularidades y proyecciones distintas– de compartir y de festejar a otras regiones del país.

Los esclavos del Camagüey, “nos dieron también un sentido de identidad, porque ese Camagüey que vemos a veces hispano, no les daba un sentido de inclusión y de pertenencia a las costumbres y tradiciones de los africanos como además la tuvieron los árabes, los chinos, los japoneses y libaneses que residieron en el territorio.

Algunos en épocas de la colonia y neocolonia “empezaron a querer quitar del conocimiento de que el Camagüey tenía una cultura, también, negra, una cultura que se forjó como la cultura cubana, en la que está implícito también el negro…”

Precisó que esas identidades “nos representan desde el punto de vista cultural y destacó el rol de la literatura fraguada en el siglo XIX en el proceso identitario cubano, especialmente la obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda, “porque fue la primera que describió en su novela Sab los horrores de la esclavitud, sin ser abolicionista y además narró cómo fueron maltratados los aborígenes en la zona de Sierra de Cubitas”.

Mencionó a Aurelia Castillo de González, entre otros cultores, mientras que en la plástica abundó en la alfarería que “nos acostumbra verla en el Tinajón, independientemente que ahora lo utilizamos como decoración, aunque parte de la cultura para almacenar agua como característica propia del Camagüey.

“Esta demostrado a través de la historia los lazos, comunicaciones, integraciones y sentidos imbricación que tienen nuestras identidades que vienen de Europa, África, Asia y del mundo Árabe. Nosotros los cubanos somos un hibrido importante y Camagüey no es menos, porque forma parte de ese proceso…El primero que le dio la libertad a sus esclavos, antes que Carlos Manuel de Céspedes, fue Joaquín de Agüero y Agüero y se la dio por escrito”..

 



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