Aurelia Castillo de González: su legado prevalece en El. Camagüey (I) (+Fotos)

Texto y fotos Lázaro David Najarro Pujol

Ago, 2020.-Un destello de luz de colores rojizos ilumina una tarde de verano la calle Cristo de la ciudad de Camagüey. Los rayos alcanzan la mansión colonial donde nació el 27 de enero de 1842 la escritora y periodista Aurelia Castillo de González, publica la página digital de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Amó con delirio hasta su partida a la eternidad, hace un siglo, el 6 de agosto de 1920, la Patria. Sin lugar a duda es una de las más sobresalientes intelectuales cubanas del siglo XIX. Su legado, recuerdos y bella y profunda prosa, prevalecen en El Camagüey, otrora Villa de Santa María del Puerto del Príncipe.

Su vivienda se conserva, además, en un eje importantísimo desde el punto de vista histórico y arquitectónico, así lo aprecia la Máster en Ciencias María del Carme Pontón, especialista de la Oficina del Historiador de la Ciudad. Vial que tiene el encanto de comenzar con la bella Catedral Metropolitana de Camagüey y terminar en la iglesia del Cristo del Buen Viaje.

La mansión, también se ubica al lado de la vivienda del más notable de los científicos cubanos: Carlos J. Finlay, en el centro histórico de la Ciudad de los Tinajones, declarado por la UNESCO Patrimonio Cultura de la Humanidad.

La camagüeyana se adelantó a su tiempo «con un pensamiento poco común en su época. Una figura que incomprendida por la sociedad del Puerto Príncipe de la primera mitad del siglo XIX por la tendencia que existía al estar «en una jaula de oro donde al pájaro de su pensamiento se le entumecieron las alas».

María del Carmen fija casi todos los días su mirada en la vieja casona de dos plantas. Lidera el Museo Casa Natal de Finlay que está al lado. Le fascina la vida y obra de la poetisa. Escudriña las páginas de los libros que legó Aurelia a los cubanos.

A los 9 años de edad (1851), se le va al extranjero su profesor don Fernando Betancourt por motivos patrióticos, lo que le obligó a realizar investigaciones profundas y llegar a conclusiones propias sin la ayuda de un mentor.

María del Carme Pontón dedica tiempo importante al estudio de los textos de la autora de bellas prosas, lo que le permite afirmar que la camagüeyana leía con avidez. Pensaba que no le iba a ser suficiente el tiempo para estudiar la cantidad de libros que necesitaba consultar. Siempre recomendaba que el libro representara lo ideal para conocer lo bello, lo justo y la realidad.

«Ver llorar, a su madre, la muerte de Narciso López (Caracas, Venezuela 1796- La Habana 1851, creador de la bandera y el escudo de Cuba), fue decisivo para que Aurelia fortaleciera su ideología y convicciones patrióticas… Era muy estudiosa. Era muy diferente a su hermana Matilde, quien se dedicaba a su figura, propio de las muchachas de la época, mientras que a Aurelia no le importaba su apariencia externa, sino el pensamiento y el conocimiento que le brindaban los libros».

La búsqueda en los textos de la patriota le permite asegurar a María del Carmen que «tenía un temperamento equilibrado. Era muy razonadora y perspicaz. Vivía siempre observando. Lo anterior le facilitó habilidades para poder escribir en torno al cuadro tétrico que ofrecía la realidad de la época:  la esclavitud de la raza negra…»

«No solamente se pronunciaba contra la esclavitud, sino también la discriminación contra de la mujer, víctima de sumisión. Aseveraba que la familia estaba mal constituida: “La mujer ha sido hasta ahora la mano izquierda de la humanidad. Esperemos que la humanidad será un día ambidiestra”».

Aurelia Castillo de González expresó en sus textos su pensamiento en torno a la educación. Para ella la formación debía partir del hogar, dónde se constituye una serie de valores, sin minimizar el desempeño de la escuela. Instaba, además, por la preparación de la mujer y la creación de instituciones donde las féminas aprendieran a ser madres.

La poetisa de libros como Fábulas llegó a sugerir cómo debían llamarse esos sitios: “Casas Cornelia”, tomando como ejemplo y tributo de honor a la madre romana que supo formar a los hermanos Gracos, rehusó incluso una corona real para no abandonar la consagración de sus hijos. Ellos pudieron terminar su existencia y la cubrieron después de la gran gloria de ser buenas personas.

Piensa María del Carmen que «las “Casas Cornelia”, se pueden ver como las precursoras escuelas del hogar que llegaron a crearse en Cuba». Dice que Aurelia defiende la figura femenina por encima de todas las cosas. «Pero no las defiende sin elementos, sino a partir de argumentos que muchos no se atrevieron a dar».

Aurelia Castillo de González desempeñó disímiles responsabilidades: presidenta del asilo Huérfanos de la Patria (fundado después de la guerra de independencia) y vicepresidenta y tesorera de la Sociedad de Labores Cubanas (1901 a 1907), con el objetivo de ayudar a las mujeres.



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