Nadie me puede marcar con el dedo (V)

Antonio Cammañ Álvarez y otros compañeros en la Pizarra de equipo de Equipo de Presión positiva

Antonio Cammañ Álvarez y otros compañeros en la Pizarra de equipo de Equipo de Presión positiva

Por Lázaro David Najarro Pujol/Fotos archivo de la familia

Camagüey, Cuba.- Antonio Cammañ Álvarez ahora está en el recuerdo de decenas de madres cubanas. Hasta el último momento de su vida mantuvo el espíritu de innovador. Compartir con ese hombre de corazón noble las alegrías las anécdotas de sus 40 años de ininterrumpida labor en el Hospital Materno Provincial “Ana Betancourt de Mora”.

Muchos años antes de fallecer[1] me evocó los más transcendentales retos que asumió como inventor, me mostró fotos del equipo de Presión positiva acoplado a una incubadora, del encuentro con el Comandante en Jefe Fidel Castro cuando lo estimuló por su relevante desempeño como innovador:

«Cuando me personé allí (Hospital Materno Provincial), no existía ni un taller y organicé un pequeño tallercito. Me dije:

‘–  ¡A resolver el problema, Antonio! ‘.

«Trabajaba como jefe de la Brigada de Mantenimiento. No había portasueros. (Soportes de sueros),  y los construí. No había cuneros y los fabriqué. Pero, en eso años comenzaron a largarse enfermeras y personal especializado y me hice niñero-innovador. No había donde cargar a la creche[2] para llevárselos a las madres a lactar y construí un carrito para el traslado de los niños recién nacidos.

«Las propias madres le dieron a mi ingenio el nombre de las Polaquinas[3]. Después la gastroenteritis y era necesario llevar a los bebé enfermos para el hospital pediátrico.

«– ¿Cuántas ambulancias se necesitarían para trasladar a las madres para que amamantaran a los prematuros?”

Me encogí de hombros e inmediatamente salir de dudas. Pero prefirió responder con  su ingenio como dejando para mi los cálculos.

«Entonces diseñé una maquina para extraer la leche materna. En una palabra, poseo 17 Certificados de autor y alrededor de 100 certificados y reconocimientos.

«En aquellos primeros años carecíamos aun de muchos y me di a la tarea de diseñar un equipo para medir la presión positiva”.

Cuando habla del dispositivo abre los ojos, mueve las manos, derrocha el entusiasmo, le salen las lágrimas de la alegría como si fuera su Obra Maestra. Luego comprendí la dimensión de su ingenio. Luego comprendí que era más que una Obra Maestra. ¡Era una Obra Humana!

«Todo comenzó en el año 1974. El doctor Mario Conde Martín, que entonces se desempeñaba como neonatólogo del hospital materno solicitó mi presencia en su despacho.

‘—Buenos días, doctor ¿Quería usted conversar conmigo?

‘—Buenos días, Cammañ. Siéntase. Precisamente quería hablar con usted por un problema que es necesario enfrentar.

‘—Si esta a mi alcance…

‘—Mire. Cammañ, es necesario que usted estudie la posibilidad de fabricar un equipo de Presión positiva. A los niños que presentan cierta falta de maduración pulmonar de les originan graves dificultades respiratorias. Debes pensar en un aparato que haga llegar a los pulmones el oxigeno con determinada presión superior a la existente en la atmósfera normal,

‘—Mire, doctor, la misión que usted me indica es sumamente difícil, pero me comprometo que pensaré en una solución.

‘—Usted tiene mucha imaginación, Cammañ, por eso estoy seguro que podrá fabricar el equipo. Le recomiendo que converse con los pediatras que ellos le podrán explicar con lujo de talles las causas que provocan la enfermedad de Membrana Hialina[4].

‘—Comprendo lo que usted me pide, doctor, pero…

‘–Si usted logra ese aparato se podrán salvar muchas vidas de niños’.

«Muchas veces despertaba en horas de la madrugada pensando en el equipo. Recuerdo que cundo me hice ese propósito una pediatra amiga mía, Rosa Caballero, me dijo:

‘—Hay que buscar una solución. Hay que luchar. Te voy a dar una idea pero no te puedo decir cómo se hace el equipo’.

“También el docto Pedro Hernández me estimuló mucho. Me fajé con el aparato.

«Comencé a dibujar en mi mente, y posteriormente en un papel, un equipo que hasta ese momento no sabía como ejecutar.

«Algunas personas no querían colaborar conmigo. Los incrédulos decían:

‘— ¡Ah Chico, tú lo que estas es loco! Los ingenieros han fracasado y tu vas por el mismo camino de los fracasados’.

«No le hice caso a la gente y continué con mi locura.

«Yo veía algunas madres llorando al lado de sus hijos enfermos. Me sentía angustiado ante tanto dolor. Me dije: ‘ ¡Coño, Antonio, tienes que resolver esa contrariedad! ‘.

«Yo tenia problemas difíciles en mi casa. Mi esposa estaba enferma. Y luché, luché y luché. Estuve seis meses trabajando en la inventiva.

«El niño, que presentaba la enfermedad de Membrana Hialina, cundo nacían no lloraban. No tenían fuerzas para respirar.

«Un tiempo después surgió mi aparato. ¡Mi mejor y más importante creación! Inventé un equipo para medir la presión positiva. Entonces se empezó a probar con oxigeno, con el  aire de la atmósfera, pero un aire refinado. y todo lo demás… ¡Mi ingenio sirvió!

“Ese dispositivo donde único se adquiría era en Estados Unidos[5], y no se pueden acusar de plagio porque jamás lo vi, porque yo nunca he ido a ese país. Ahora puedo afirmar que mi equipo es muy distinto al que ellos fabricaron.

«El aparato se conectaba a una incubadora y permitía oxigenar la sangre de is recién nacidos. Un niño con la enfermedad de Membrana Hialina, si a las 72 horas no recibe la oxigenación en la sangre, tiene una muerte segura”.

Aclara la pediatra Rosa Caballero que la llamada enfermedad Membrana Hialina ocurre en los niños prematuros, de muy bajo peso al nacer:

«El pulmón no oxigena al niño o no le permite el intercambio de gas en esa supuesta membrana. Entonces surgió la idea del equipo. Puedo decir que Mario Conde trabajó junto a Cammañ en toda la innovación. Lo asesoró. La idea, en aquellos momentos, fue muy buena y sirvió para muchos casos… En unos cuantos casos».

Antonio Cammañ estudió mucho y tomó muy bien las indicaciones de Conde:

«En la universidad de la vida me hice electricista, plomero, mecánico, soldador, carpintero, tornero… No soy un ingeniero. Tengo solo noveno grado. Lo que me falta en nivel de escolaridad me sobra en voluntad, en vergüenza, en sensibilidad con el dolor ajeno y en condición de revolucionario.

«Por fin los que me tildaban de loco se dieron cuenta que yo estaba con los pues en la tierra y ellos con las manos cruzadas. Soy un loco con catorce años consecutivos  de Vanguardia Nacional y candidato a Héroe del Trabajo de la Republica de Cuba y le di la vida a muchos niños y evité dolor en muchos hogares de este país».

En solo un año, las muertes por la enfermedad Membrana Hialina, en Camagüey, se dedujo a 60 lactantes después de respirar altas concentraciones de oxigeno con el ingenio de Antonio Cammañ.

El equipo de presión positiva se aplicó en el salón de prematuros para los niños que presentaban la referida patología, considerada –en esa etapa—una de las primeras causas de muerte entre los recién nacidos.[6]

Entre las madres que agradecen a Cammañ su inventaba está Norma Palomino Álvarez.

«Yo  nunca había salido embarazada. Siempre deseaba tener un niño. Había cumplido los 23 años de edad. Me había casado a los 21 y me costó trabajo salir embarazada, pero bueno, sin ningún tratamiento logramos la barriga. A los cuatro meses de gestación comencé a tener infecciones en los riñones y amenaza de aborto. Me realizaron el cerclaje y los médicos me indicaron reposo absoluto. Un poco antes de los ocho meses continué con la amenaza de aborto y me ingresaron en el hospital materno de Camagüey.

«En la mañana del 27 de mazo de 1978estaba esperando a mi mamá para que me ayudara a bañarme, pero ella se retardó porque mi hermana más chiquita presentó vómitos.

«Entonces me levanté y me metí en el baño. Allí me caí como consecuencia de un resbalón. El golpe me provocó una bola en la barriga. Las compañeras que estaban en la sala me auxiliaron. En ese momento llegó mi mamá y buscó a los médicos que me asistieron  y me pidieron que guardara reposo. Se me presentaron las contracciones y me trasladaron para la “Sala del primer día”. Los médicos me suministraban medicamentos para retenerme lo que yo tenía. Ni estaba en fecha de parto, ni tampoco el bebé era sietemesino, por lo que representaba un problema. Los doctores Pugh y Carlos Más me informaron que me iban a retirar el cerclaje. La medicina no estaba tan avanzada, no existía ultrasonido… Tomé, incluso, hasta jugo de naranja con alcohol de 90 para calmar las contracciones, para que el niño no fuera a nacer. Los médicos consideraban que el niño aún no estaba apto para nacer. Desde las once de la mañana yo estaba en pre-parto y eran ya altas horas de la  noche y permanecía allí, por ello los pediatras determinaron retirarme el cerclaje porque era más lógico que yo diera a luz, aunque con el riesgo de que el niño naciera muerto. Era muy difícil que los bebé de ocho meses sobrevivieran. A mi lado permaneció una ginecóloga llamada Noris Nabas. También me asistieron los doctores Carlos Más, Norma González, Jorge Cano y  Pugh. Me  suministraron sueros para estimular la respiración del bebé.

«Colaboré en todo lo que los médicos me pidieron. Sentía fuertes dolores y contracciones. El parto comenzó a complicarse y en esa lucha por la vida me sorprendió el amanecer sin parir.

«Empecé a sangrar mucho, mucho más que lo común en caso de parto. Llamé a Noris y ella me confirmó mi presentimiento.

‘—Espérate, mi hija, que esto es sangre de placenta previa’.

«Los doctores Andrés y Misleydis me prepararon urgentemente encima de una camilla. El termómetro marcaba más de 38 grados. Me mordía los labios con los dientes para mitigar el dolor del parto. Yo, por supuesto, cooperé en todo y en un momento le dije a los médicos:

‘—Ya no me interesa mi vida ¡Salven a mi niño! ‘

‘—No te preocupes,  que los dos saldrán muy bien’:

Alas tres de ka tarde del 28n  de marzo, los pediatras determinaron realizarme la cesárea.

«Me asistieron la pediatra Rosa Caballero, la anestesista Olga Padrón y también la doctora Adelaida. La operación se realizó sin grandes problemas. Yo me sentía aturdida, pero escuché que la doctora Caballero dijo:

‘—El bebé está un poco cianótico’.

“Pasó el tiempo y volví en mi. A mi lado, ya no estaba el bebé y pregunté alarmada:

‘— ¿Mi niño, dónde esta mi niño? ‘

‘—No se preocupe, mamá, su niño esta en una incubadora’.

«Mi mamá me explicó que habían llevado al niño para una incubadora especial acoplada a un aparato (equipo de presión positiva). El bebé solo pesaba cuatro libras. Mi mamá me hizo la historia del viejo Cammañ quien fue el que construyó el dispositivo.

“Él era compañero de mi mamá en el materno y decía ella se parecía a su única hija. Traía a su nieta al hospital. Comenzamos a compenetrar y me decía:

‘–Tú hijo también es nieto mío, porque estuvo en la incubadora acoplada al equipo que yo  fabriqué’.

Afirma la pediatra Rosa Caballero que gracias a la existencia del dispositivo el bebé sobrevivió.

«Yo trabajé durante 20 años en el salón de parto y de operaciones y realmente ese equipo –que ya existía en La Habana aunque no igual—le salvó la vida a  muchos niños. No fue realmente una inventiva sino una innovación, que en la época constituye un gran acontecimiento, un paso de avance y resolvió un gran problema”.

El aparato que funcionaba en esa época en el país, podía atender a un solo paciente, mientras que el diseñado por Cammañ tenia capacidad para cuatro niños a la vez, con igual efectividad.

Recuerda Norma, que a la semana el bebé no podía succionar la leche materna, se encontraba muy débil.

«Una enfermera, nombrada Zoraida Palacio, tuvo la paciencia de suministrarle la leche a mi niño Yanlet[7] a través de un levín. Me decía:

‘–Tú veras, que él sube de peso’.

«Ella no tiene hijo y quería a mi niño como si fuera suyo.

«Realmente tanto Zoraida como Cammañ y otros mas ke dieron vida a mi hijo.

«Al mes justo de haber nacido, salí con mi niño del hospital con el peso requerido y a los dos meses alcanzó más de ocho libras. Después padeció de asma y pronto desapareció. Fue de los primeros expedientes de la primaria, la secundaria y los Camilitos (Escuela Militar Camilo Cienfuegos)”

Posteriormente  Antonio Cammañ Álvarez fabricó equipos de Presión positiva para los hospitales maternos de Guáimaro, Florida, Ciego de Ávila, Morón y Sancti Spíritus.  En algunos aspectos el dispositivo superaba al modelo importado.

«En el contexto de la Jornada de homenaje a los vanguardias nacionales del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Salud, desarrollada en Granma, el entonces Ministro del sector Sergio del Valle manifestó el interés de entrevistarse conmigo.

«Cuando nos ofrecían un almuerzo en Media Luna se originó la  entrevista.

‘–Quisiera, Cammañ que usted me informara  de todos los trabajos realizados por usted como innovador? ‘

«Le fui dando detalles de mis principales inventivas: la mesa de reanimación, el equipo de presión positiva….

‘–Cammañ, yo me comprometo que visitaré el hospital próximamente. Quiero ver los equipos funcionando y apreciar el ambiente en que usted realiza tantas inventivas’.

«El 26 de diciembre de 1980 el Ministro me localizó en el hospital­.

‘–He cumplido mi promesa’.

«Fue un momento de gran significación para mí. Después vinieron instantes memorables.

«El 9 de diciembre de 1981, en el V Congreso del Sindicato Nacional de trabajadores de la Salud, iniciado el día anterior, en el teatro Alkázar de la ciudad de Camagüey, el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz se interesó mucho por mi equipo de Presión positiva[8]. Es una persona muy preocupada por los niños. Ese fue día de gloria para mí porque yo lo quiero y admiro mucho. Soy un revolucionario a toda prueba. Creo que nadie me puede marcar con el dedo. Por la Revolución doy la vida. Ese mismo día que Fidel me estimuló[9], declaró que Cuba seria una potencia médica mundial».

En esa oportunidad el Comandante en Jefe se refirió a las principales proyecciones del sector de la salud en el país[10]:

«Creo que si estamos haciendo un esfuerzo grande por crear universidades y crear la base material, debemos prestarle especial atención a la calidad con que se están formando nuestros médicos. Creo que debemos estar con un espíritu muy abierto y contar con una información muy fresca de todos los problemas de la medicina en el mundo, hacer contactos con todos aquellos países que estén más avanzados en esta, en esta o en otra rama de la medicina. En esto no vamos a tratar de inventar dos veces, o tres veces la misma cosa. Lo que esté inventado y al alcance de los países del mundo, eso tenemos que conocerlo y tenemos que captarlo, y dedicar nuestros esfuerzos de investigación a todas aquellas cosas que no estén investigadas. Pero creo que tenemos que, si queremos lograr algo como lo que estamos proponiendo, tener un espíritu muy abierto, una información muy actualizada y muchos contactos con todas las áreas y puntos, estén donde estén, que marchen a la vanguardia de cualquier campo de la ciencia y la técnica médica.

«Y cuando yo decía: ¿es acaso el aspecto económico lo que más nos interesaría al trabajar en esta dirección? no, sino la idea de que en la medida en que nos convirtamos en una potencia médica, el primer beneficiado de este hecho será nuestro pueblo […], y nuestro pueblo podrá decir: en tales y tales y tales ramas, entre los mejores especialistas del mundo, están los cubanos; a la vanguardia de la medicina, están los cubanos, está la medicina cubana. Y el pueblo mejor atendido, desde el punto de vista científico-técnico, aunque debe serIo también, desde el punto de vista humano, en lo que tanto se ha insistido aquí en este Congreso, ¡ese puede ser el pueblo cubano! […], el beneficiario principal de que nosotros nos convirtamos en prestigiosos exportadores de servicios médicos y prestadores de servicios en nuestro propio país, a ciudadanos de otros países, nos dejaría ese subproducto fundamental que es lo que más atrae. Porque todos esos conocimientos y todas esas ciencias, todas esas técnicas, todas esas habilidades estarían, en primer lugar, al servicio de nuestro pueblo.

«Y nuestro país en tiempos pasados, incluso cuando no tenía oportunidades de laboratorios, de estudios, produjo hombres ilustres. No en balde estamos conmemorando el centenario del descubrimiento de Finlay, hijo de esta ciudad camagüeyana, este mismo año de 1981, porque fue una extraordinaria gloria de nuestra patria […] ¿Qué servicios no le prestó Finlay al mundo? Fue el descubrimiento de Finlay lo que permitió erradicar la fiebre amarilla en este hemisferio y en otros muchos lugares del mundo, ¡qué valor tan extraordinario tuvo el descubrimiento de ese científico cubano! Creo que es un buen ejemplo, una buena prueba, de cómo un pueblo pequeño y humilde puede hacer aportes grandes a la humanidad».

Equipo de Presión positiva acoplado a una incubadora. Autor Antonio Cammañ Álvarez

Equipo de Presión positiva acoplado a una incubadora. Autor Antonio Cammañ Álvarez

Equipo de tapar pomos. Autor Antonio Cammañ Álvarez

Equipo de tapar pomos. Autor Antonio Cammañ Álvarez

Equipo para laboratorio de microbiología. Autor Antonio Cammañ Álvarez

Equipo para laboratorio de microbiología. Autor Antonio Cammañ Álvarez

Lámpara de fototerapia. Autor Antonio Cammañ Álvarez

Lámpara de fototerapia. Autor Antonio Cammañ Álvarez

 

Antonio Cammañ Álvarez intercambia con el doctor Sergio del Valle

Antonio Cammañ Álvarez intercambia con el doctor Sergio del Valle

Antonio Cammañ Álvarez en la Demajagua

Antonio Cammañ Álvarez en la Demajagua

NOTAS:

[1] El testimonio lo ofreció al autor en 2001.

[2] Se refiere a los niños lactantes.

[3] Polaquitos le decían en Cuba a pequeños automóviles procedente de Polonia

[4] Es un trastorno pulmonar frecuente en los bebés prematuros que también se llama síndrome de distrés respiratorio (SDR). Es debido a que los pulmones no están completamente maduros, de manera que cuanto más baja es la edad gestacional más probabilidades tienen de padecerla.  Causas:Los pulmones inmaduros no producen suficiente cantidad de surfactante. El surfactante es una sustancia que se asemeja a un detergente que se localiza en los alveolos pulmonares y permite que éstos se abran y cierren en cada respiración. Si los diminutos saquitos de aire, llamados alveolos, no pueden abrirse con facilidad, los pulmones no pueden llenarse de aire y, en consecuencia, la sangre no se oxigena correctamente. (Tomado de https://www.salud.mapfre.es/salud-familiar/bebe/enfermedades-bebe/enfermedad-de-la-membrana-hialina/)

[5] El bloqueo económico, financiero y comercial impide a Cuba comprar equipos en ese Estados Unidos para el sistema de salud cubano.

[6] Antonio Cammañ mostró el Certificado de Autor con registro 000024 por el equipo de presión positiva para aplicar a más de un paciente, con fecha 20 de marzo de 1981.

[7] En el momento de ofrecer Norma el testimonio Yanlet Iraola Palomino era oficial operativo del Ministerio del Interior.

[8] El Comandante en Jefe Fidel Castro le entregó el estimulo a Cammañ el 8 de diciembre de 1981, en el teatro Alcázar de la ciudad de Camagüey.

[9] En reconocimiento a su labor Antonio Cammañ viajó a la entonces Republica Democrática Alemana el 5 de junio de 1982 con el pasaporte número 18225.

[10] Discurso pronunciado por Fidel Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba, en la clausura del V congreso del Sindicato de los Trabajadores de la Salud, efectuada en el teatro “Principal” de Camagüey, el 9 de diciembre de 1981.

Memorias de hombres de ciencia que forjan futuro


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