Hombre de corazón sencillo (III)

Por Lázaro David Najarro Pujol

Camagüey, Cuba.-Recordé al instante a Máximo Steere del Pino [[1]], cuando leí por primera vez aquel memorable discurso pronunciado por el Comandante Ernesto Che Guevara en la Plenaria Azucarera en Camagüey, en el que hacia referencia a cómo debía ser el hombre del futuro: “… tendrá que ser de corazón tan sencillo como el hombre de hoy… ”

Lamentablemente no lo pude conocer en vida, sino a través de las anécdotas de los compañeros que junto a él se adentraron en el maravilloso universo de las inventivas. Era un hombre de una actitud extraordinaria, de hablar pausado. Se desempeñó como asesor técnico de la actual Empresa Constructora de bombas de agua “Alejandro Arias” de Camagüey, perteneciente al Ministerio de la Industria Sidero-Mecánica.

Precisamente Steere fue propietario de la fábrica en que laboraba, junto con su hermano Raimundo, la que donaron a la Revolución con todos sus equipos y capital de trabajo, sin admitir compensación alguna.

El propio Comandante Ernesto Che Guevara recibió de los hermanos Steere la industria. Todo ocurrió en el mes de octubre de 1959 y la única condición que expusieron fue pedir su incorporación al proceso de producción estatal, como dos trabajadores más.Los dos hermanos no tuvieron un minuto de indecisión, el mismo día que Fidel Castro hizo su entrada a Camagüey, al triunfar la Revolución, adoptaron una decisión: donar la fabrica al Estado.

El Comandante en Jefe, en esa oportunidad, había pronunció un discurso en la capital agramontina.

Máximo y Raimundo se reunieron tarde en la noche, y determinaron donar la fábrica a La Revolución. Veían claramente que era una Revolución verdadera [[2]].

Pedimos una entrevista al Che casi con el inicio mismo de la Revolución y nos la concedió en un plazo de una semana, entre la una o las dos de la tarde, no recuerdo la hora exacta.

Eran unas cuantas las personas que allí esperaban, unos mejores vestidos que otros, y me puse a observar todo aquello, y comenté con mi hermano Mundo — así le dicen —, que me llamaba la atención sobremanera que entraban pero salían muy rápido, algunos con la cara rojiza, mientras nosotros íbamos quedando para el final.

El amplio salón se iba quedando vacío en la medida que avanzaba el tiempo, pero los dos hermanos permanecían a la espera, se notaban intranquilos extremadamente preocupados e impresionados, pero con la convicción de que realizaban un acto justo y un gesto honesto.

Ya todo el que esperaba se había marchado. Aleida March nos llamó. En esa ocasión El Che salía, cosa que no hizo en toda la tarde y nos llamó:

— Steere brothers — en un ingles no muy claro.

No obstante la intensa jornada de entrevistas y encuentros con empresarios de todo tipo, Ernesto Guevara tenía presente a los hermanos Steere.

En realidad, pasamos un mal rato de inicio. El Che rompió el hielo, cogió un cabito de tabaco, aunque tenía otro entero al alcance de su mano. Ese pedacito era el que más le gustaba, pues como buen fumador al fin, sabía que mientras más chiquito más sabía a tabaco.

— Bueno y qué — dijo, así de seco.

De todas maneras le manifesté que traíamos algunas muestras de lo que hacíamos en la fábrica, cuál era su razón de ser, y algunas fotos, en fin… En ese momento espetó:

— Bueno, hijo, no me vas a contar ahora la “historita” de tu vida.

Acto seguido le dije:

— Mire, Comandante, yo quiero que nos dispense, sabemos como están ustedes de ocupados, pero nosotros no vinimos aquí a pedir ni mucho ni menos, así es que por favor permítame que nos retiremos.

Me fui a parar. El Che no me dejó acabar ese acto, me puso las manos en los hombros diciendo:

— Siéntate chico, siéntate, vamos a ver…

Y con su atención y mirada penetrante, con una sicología tremenda, que eran características en él, se bebió la “historita” de punta a cabo, desde que la fábrica era un bajareque, pues debía conocer lo que íbamos a entregar al Estado, no?

Después de darle una fumadita al tabaco nos preguntó:

— Y de comunismo qué.

Le conteste lo que pensábamos.

— La bronca con los americanos tiene que ser en grande, y eso va aparejado con el comunismo o el socialismo, y de ser así estamos dispuestos con esto.

Estos — y toda su actitud posterior — constituyen argumentos sólidos para asegurar que Máximo Steere llegó a convertirse en el hombre de futuro, en el hombre de corazón tan sencillo al que se refería el Che.

Su historia lo asegura: Trabajador Comunista (1963) y Vanguardia Nacional, (1964); distinciones que recibió de manos del propio Guerrillero Heroico.

— ¿Y por qué trabajador Comunista? — La respuesta la buscó, en 1965, mi colega Joaquín Rieumont [3[3]].

“Al conocer este hecho, quisimos saber por qué le habían otorgado dicho premio.

“Le visitamos y lo primero que nos respondió fue que “este es un honor que no podremos nunca explicar con palabras.

En realidad, hemos hecho de nuestra casa un taller de trabajo y no aspiramos a otra cosa que dar lo mejor de nuestro esfuerzo en beneficio de nuestro pueblo, de la Revolución y el Socialismo…”

“La entrega de mi certificado de trabajo comunista se produce porque el administrador de nuestra Unidad de Producción, compañero Hugo Cotilla, observó que ni mi hermano Reymundo ni yo, entregábamos notas del tiempo voluntario trabajado, y él en persona, se tomó el trabajo de anotarlo, hasta donde le fue posible, y vio que acumulábamos tiempo más que suficiente para ser merecedor de tan honroso documento, al igual que otros compañeros nuestros que también lo obtuvieron.

“En realidad, a nosotros no nos preocupa que se sepa que es lo que hacemos. Lo que si nos preocupa mucho que más es lo que podemos hacer por nuestra gloriosa Revolución Socialista, ya que nos consideramos en eterna y honrosa deuda con ella, por habernos conferido el altísimo honor que sólo le está reservado a los héroes y mártires de la patria, de que nuestra Unidad lleve como nombre nuestro humilde apellido4. Estos son honores, compañeros, que aunque lo llevamos orgullosamente en lo más profundo de nuestros corazones, sinceramente no creemos merecerlo.

.”Es así que nuestra casa misma la hemos convertido en una prolongación de nuestro centro de trabajo, pues hasta los ratos que permanecemos en ella los aprovechamos, enfrascados con los libros unas veces y otras para reunirnos con compañeros allegados a nuestro trabajo, para discutir y coordinar el acometimiento de alguna otra obra de envergadura y de importancia para la Revolución, como es el caso de las culatas de cilindros para las locomotoras de 900 H.P (caballo de fuerza) hecho que ha motivado el encuentro sobre el cual usted acaba de hacer un reportaje que ha merecido el saludo de la Revolución y de los trabajadores de estas unidades de producción y el nuestro”.

En 1975 fue proclamado Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba. En los años sucesivos también se distinguió a escala nacional e ingresó en el Partido Comunista de Cuba.

Se destacó en el Tercer Fórum Nacional de Piezas de Repuesto y en la Comisión Nacional de Reducción de Gastos o Consumos y, como mejor técnico del Ministerio de Industrias, este último con la rúbrica del Che. Máximo Steere del Pino, se desempeñó como presidente de la ANIR en 1977.

En una ocasión (1977) al responder a la pregunta del periodista Ariel García Suárez del rotativo Granma sobre qué hecho de la Revolución le había impresionado más manifestó:

El día en que el pueblo cubano dijo sí al Socialismo. Eso ha sido para mí el hecho que más me ha impresionado, y lo considero uno de los más importantes en la historia de nuestro país. No se borrará jamás de mi mente aquel espectáculo grandioso y conmovedor de los miles de ciudadanos que levantaron sus armas, con la decisión de defender la patria hasta las últimas consecuencias, para respaldar la declaración socialista de la Revolución, proclamada por Fidel ante las víctimas de la agresión que precedió el ataque a Playa Girón. Aquel fue el preámbulo de la primera gran derrota del imperialismo yanqui en América Latina; y el primer paso de las sucesivas victorias alcanzadas por nuestro pueblo en su invariable marcha por los caminos del internacionalismo proletario.

Máximo Steere del Pino ideó un sistema de moldeo de gran importancia para el desarrollo de la industria metalúrgica nacional, registrando su inventiva además, sustanciales ahorros en la producción, a la vez que superaba la calidad del producto terminado, economizaba mano de obra y contribuía, — por tratarse de un proceso totalmente mecanizado — a mejorar las condiciones de seguridad e higiene de los trabajadores en el desempeño de sus funciones. En el proceso experimental se fabricaron 12 mil piezas con mejor calidad que las diseñadas mediante los modelos convencionales.

Notas:

[1] Máximo Steere nació el 27 de abril de 1910 y falleció el 28 de octubre de 1988
[2] Fuente: periódico Adelante 30 de junio de 1988.
[3] Periódico Granma 30 de septiembre de 1965.

Memorias de hombres de ciencia que forjan futuro

  • Maravillosas manos (VI)
  • Me formé como innovador (VII)
  • Bailamos la Rumba sin música (VIII)
  • (IX) Nadie me puede marcar con el dedo (IX)
  • La ANIR se fortalece (X)
  • «Mi padre, está vivo aquí, en mi corazón» (XI)
  • Me gusta innovar(XII)
  • La ANIR continúa marchando (XIII)
  • Apéndice

 


4 comentarios on “Hombre de corazón sencillo (III)”


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