El Che Guevara y los hermanos Steere del Pino

Por Lázaro David Najarro Pujol

la_esperaCamagüey, Cuba, 24 nov.-Por el amplio pasillo del Ministerio de Industria en La Habana caminan muchas personas… Unos mejores vestidos que otros. La mayoría está allí más que para dar pedir. Algunos permanecen sentados y otros de pies…, impacientes. Las  horas avanzan lentamente para los menos y rápidas para muchos.  Es el mes de octubre de 1959. En el edificio dos hombres observan todos los movimientos de las  personas que allí permanecen. El de mayor edad se nota más intranquilo por la larga espera.

—Mundo, me llama la atención sobremanera que esos señores entran pero salen muy rápidos, algunos con la cara rojiza. ¿Nosotros no estamos quedando para el final? ¿Qué pasará?

Una joven abre una de las puertas del despacho. El que parece ser el líder de los dos, al escuchar el golpe de la puerta cuando se cierra, mira fijamente a la muchacha y se pone de pie.

—Por favor señorita. Tenemos una entrevista con el Comandante Ernesto Guevara. Estamos preocupados. ¿Él sabe que estamos aquí? Por favor dígale que los hermanos Steere del Pino estamos esperando. Yo soy el propietario de la fábrica de turbinas de Camagüey. Mi hermano es Raimundo y yo Máximo.

—No se preocupe: el Che los atenderá en minutos.

“Pensará el doctor Guevara que nosotros estamos aquí para pedir”, piensa Máximo.

Están allí, unos meses después de escuchar a Fidel Castro aquel memorable 4 de enero cuando entró a la ciudad de Camagüey.

— A Fidel hay que apoyarlo. Ese hombre de verdad hará por el país— había dicho a su hermano Reimundo esa misma noche de la visita del Comandante.

La muchacha nuevamente se aproxima a los dos hombres. Máximo le insiste.

—¿Usted está segura que el doctor esta enterado que nosotros estamos aquí? Le solicitamos una entrevista hace algunos meses y nos la concedió para hoy, entre la una o las dos de la tarde, no recuerdo la hora exacta.

El amplio salón se iba quedando vacío en la medida que avanzaba el tiempo, pero los dos hermanos permanecían a la espera, se notaban intranquilos extremadamente preocupados e impresionados, pero con la convicción de que realizaban un acto justo y un gesto honesto.

Ya todo el que esperaba se había marchado. La joven los llama por sus nombres.

—Máximo… Reimundo… El doctor Guevara los vas a atender en instante.

Se trata de Aleida March.  El Che sale de su despacho, cosa que no hizo en toda la tarde y los llama:

— Steere brothers — en un ingles no muy claro.

No obstante la intensa jornada de entrevistas y encuentros con empresarios de todo tipo, Ernesto Guevara tenía presente a los hermanos Steere.

la_espera_2La conversación no es fluida. Los  dos hombres se notan un poco tensos. El Che coge un cabito de tabaco, aunque tiene otro entero al alcance de su mano. Ese pedacito es el que más disfruta, pues como buen fumador al fin, sabe que mientras más chiquito más sabe a tabaco. El Che rompe el hielo:

—Bueno y qué — dijo, así de seco.

Máximo Steere[1], aunque impaciente le manifiesta que traían algunas muestras de lo que hacían en la fábrica, las innovaciones en práctica la razón de ser de la industria, y algunas fotos, en fin… En ese momento el Che espetó:

—Bueno, hijo, no me vas a contar ahora la “historita” de tu vida.

Acto seguido Máximo le dice:

— Mire, Comandante, yo quiero que nos dispense, sabemos cómo están ustedes de ocupados, pero nosotros no vinimos aquí a pedir ni mucho ni menos, así es que por favor permítame que nos retiremos.

Máximo hace un ademán para pararse, pero el Che no lo deja acabar ese acto. Le pone las manos en los hombros diciendo:

—Siéntate chico, siéntate, vamos a ver…

Y con su atención y mirada penetrante, con una psicología tremenda, que eran características en el Che, se bebió la “historita” de punta a cabo, desde que la fábrica era un bajareque.

—Perdona por la “historita”, como usted mismo la calificó pero debe conocer lo que vamos a entregar al Estado. No vinimos aquí para pedir nada, sino para darle a conocer nuestra decisión de donar la fábrica a la Revolución.

Después de darle una fumadita al tabaco el Che pregunta:

—Y de comunismo qué.

Máximo le contesta lo que pensaba.

— La bronca con el Gobierno americano tiene que ser en grande, y eso va aparejado con el comunismo o el socialismo, y de ser así estaremos al lado de Fidel Castro.

A partir de ese instante la espera dejó de ser larga.

Nota de referencia:

[1]  Este relato esta basado en hechos reales. Máximo Steere del Pino en 1975 fue proclamado Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba. En los años sucesivos también se distinguió a escala nacional e ingresó en el Partido Comunista de Cuba. Se destacó en el Tercer Fórum Nacional de Piezas de Repuesto y en la Comisión Nacional de Reducción de Gastos o Consumos y, como mejor técnico del Ministerio de Industrias, este último con la rúbrica del Che. Máximo Steere del Pino, se desempeñó como presidente de la ANIR en 1977. Máximo Steere nació el 27 de abril de 1910 y falleció el 28 de octubre de 1988.

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