Proyecto de niños cubanos otorga calorcito al alma y dibuja sonrisa

Los niños los principales protagonistas
Por Lázaro D. Najarro Pujol

Santa Cruz del Sur, Cuba (PL) Un grupo de niños de esta ciudad pesquera camagüeyana pone en práctica diversas iniciativas para crear conciencia en pos de la conservación de especies marinas en peligro de desaparecer y del medio ambiente subacuático.   Los pequeños príncipes, como los denominó el Héroe por la Independencia de Cuba, José Martí, mediante obras literarias y de las artes plásticas, envían mensajes al mundo para reducir las amenazas actuales y la captura ilegal de tortugas marinas.
En los meses de mayo a julio, etapa de anidación del Carey en la región, los niños participan con sus creaciones en el Festival Ambiental por la Conservación de las Tortugas Marinas.
También el certamen se realiza en el contexto del Día Mundial de los Océanos, instituido el 8 de junio de 1994, cuando entró en vigor la Ley para los Océanos, a partir de la Convención de las Naciones Unidas.
La niña Daniela Álvarez explicó a Prensa Latina que ante todo persuaden a sus hermanos, padres y familias del puerto pesquero de Santa Cruz del Sur, a unos 660 kilómetros al este de La Habana, para incentivar el cuidado de esas especies y velen para asegurar la supervivencia de la tortuga marina.
Los monitoreos demuestran que precisamente el Carey y la Caguama se manifiestan en el archipiélago Jardines de la Reina, uno de los cuatro que existen en Cuba y el tercero de la isla en extensión, con una superficie de más de 217 mil hectáreas.
Declarado en 1997 Parque Nacional, el más grande reducto marino virgen cubano, está ubicado en las provincias de Camagüey, Ciego de Ávila y Sancti Spíritus, y clasifica como una de las áreas más importantes dentro de las seis existentes en el país de nidación de especies marinas.
Daniela Álvarez reconoció que estimulada por su familia participó en el proyecto con un texto narrativo (en el que participaban distintos personajes), sobre el cuidado del medio ambiente, la tala indiscriminada de bosques, la contaminación de los mares y las afectaciones a la flora y la fauna marinas.
Consideró esta niña de quinto año de la enseñanza primaria que la campaña debe comenzar por «nuestras propias casas», cuidando de que no se lancen desechos al mar y protegiendo todas las criaturas marinas y terrestres, al igual que el medio ambiente subacuático.
En tanto Roxana María González escribió una prosa titulada Azul en peligro para persuadir a los habitantes de este poblado pesquero de proteger los mares. Los personajes de ficción denuncian la agresión del ser humano a los océanos.
La imaginación caracteriza a esta niña, quien afirmó que la humanidad debe poner freno al derrame de petróleo en los mares y otros tóxicos que ponen en peligro no solo a los animales, sino también a la especie humana (se calcula que cada año se van a la atmósfera mucho más de 20 mil millones de toneladas de otras sustancias, en forma de gases y partículas).
Rubén David La O proviene de una familia de pescadores y a través de las artes plásticas envió un mensaje de amor para el cuidado de la naturaleza, mientras que Ismael Pereira se la ingenió para la confección artística de una serie de botellas en la que alerta de los fenómenos que afectan el medio ambiente.
Añadió que la muestra la integran tres botellas de diferentes dimensiones, que deviene reclamo a evitar derramar hidrocarburos a los mares, lanzar latas y otros desechos, como cristales, que representan elementos que afectan la existencia de las tortugas marinas.
Kedia Aguilera consideró que desde pequeña estuvo motivada por el mundo marino por las enseñanzas recibidas de sus abuelos que se dedican a las labores pesqueras. Además reveló que al intercambiar con ellos los exhorta a cuidar las tortugas.
Abundó en que su abuelo pescador está consciente del peligro de extinción en que se encuentran esta tortugas y le expuso que cómo único se puede lograr la supervivencia de las especies marinas es persuadiendo a las personas de que cuiden el entorno en el que residen.
Mario Ernesto Guerrero dijo que pretendió reflejar en su obra pictórica la contaminación de los mares y que con esa acción irresponsable «estamos afectando las especies de tortugas (cada año se descargan al mar entre cinco millones y 25 millones de toneladas de petróleo).
Precisamente en la década del 70 del pasado siglo, un pescador llamado Pedro Guerra, en un pintoresco cayito, en el Archipiélago Jardines de la Reina, al sur de Camagüey, tuvo el mérito de figurar entre los pioneros en Cuba, en el cuidado y protección de los quelonios marinos y en el que mejores resultados obtuvo de su labor.
El ejemplo de ese hombre del mar ahora lo siguen los niños, quienes con sus proyectos, al decir de la uruguaya Martha Lidia Ferreira, otorgan calorcito al alma, dibujan una sonrisa en los labios y humedecen los ojos.
«Deberíamos trabajar más nuestra sensibilidad», dijo, » para que las cuerdas del corazón armonicen con las de la razón».


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