El amor secreto de Rafael Buenaventura

A finales del año 1955 Rafael Buenaventura Almenares Cedeño emigra a la colonia cañera de Diecisiete de Las 1009 (Río Cauto). Arriba con muy poco equipaje, pero sí con mucha miseria. Bajó de Buey Arriba en busca de trabajo. Santiago Castro Barrero lo vio llegar.  

“Se albergó en un barracón completamente antihigiénico que había aquí en la zona. El barracón se mantenía todo el año con doscientas personas o más. Los que no cabían ahí dormían fuera. Muchas veces Ventura Almenares durmió debajo de la carreta porque no había capacidad donde armar la hamaca. Ahí dormía, pero al otro día iba al trabajo.

“Éramos compañeros de alza y limpia caña: con guataca y con machete. Compartíamos mucho. Era una persona que sudaba mucho. Cuando salía del trabajo el sudor le corría por todo el cuerpo como si estuviera metido en una laguna, como si estuviera metido en un río.

“Rafael era un hombre de estatura alta, ojos verdes y pelo lacio. Usaba siempre un sombrero de yarey en el que atravesaba un lápiz.

“Cuando el sol estaba casi al esconderse en el horizonte, entonces era que habíamos  concluido una agotadoras faenas en la agricultura cañera y, Ventura nos comento una vez:

“—Compay, en once días, en once largas jorna’, solo me  he ganao’ 75 centavos. ¿Ustedes saben lo que es eso?. Lo que me he ganao’ no me alcanza ni pa’ fumar. ¡Es una miseria!.

“La crítica situación económica se incrementaba. Rafael era de los que recibía el peso de la explotación. Ya era hora de tomar una decisión. Había que decidir que se iba a hacer, que se iba a determinar, porque aquí en Las 1009 no había ya como vivir. El trabajo que se hacía era a cambio de arroz y frijoles. No había dinero para nadie. Si alguien se enfermaba tenía que coger un papelito y con ese papelito ir a Río Cauto para que le dieran la medicina. Rafael estaba enfermo de los pies, por la humedad que había y parece que de tanto sudar. Para comprar una medicina le dan un papelito. Que le decian un haber, lo que le queda para comprar la medicina.

“Recuerdo que una tarde lo vi muy pensativo. Me miró fijamente y me dijo sin yo preguntarle:

“—Mira Santiago. Te voy a decir algo muy confidencial, muy peligroso, pero confío en ti. Yo veo que eres un hombre honesto. Te diré que yo cada vez que puedo oigo la Radio Rebelde y na’ más estoy esperando una oportunidad pa’ incorporarme al Ejército Rebelde.

“A Buenaventura no le agradaba tener que compartir su miseria con una mujer, por eso muchos de sus compañeros no le conocieron a nadie en su vida.

“Era soltero y nunca lo vieron enamorarse, tener una novia. Nunca le conocieron una mujer.

Uno de los muchachos le preguntó:

—Ventura, Ven acá. ¿Tu no piensas algún día buscarte una mujer que te atienda.

“Un poco molesto nos recalcó:

“—Pa’ la vida que llevamos es mejor estar solo que acompañao’. Lo que aparece pa’ uno, no puede compartirse entre dos y mucho menos esta miseria. Es mejor entonces estar soltero.

Santiago recuerda:

“En las 1009 la vida era muy difícil. No había donde recrearse. Esperábamos el fin de semana y hacíamos una colecta. Comprábamos una botella de ron para trabajar en el alza. Los fines de semana era cuando más se realiza el tiro de caña. Él tampoco quería. Él no quería ni tomar.

“—Tomar ron me puede crear un hábito y entonces estaré obligao’ los fines de semana a tomar ron. ¡Pues no lo hago nunca! ¿Ustedes no se dan cuenta que con lo que ganamos no nos alcanza  ni pa’ comer?. Pues menos pa’ tomar ron.

“Ante la negativa Fernando Chala, bromeaba con Ventura:

“—Rafael, un poco te me pareces al aura: Ni  cantas, ni comes fruta, ni bebes. En qué vas a parar, Rafael?.

“No le gustaba mucho las jaranas. Él no era hombre de jaranas. Él es una gente seria. Es un compañero serio. Él era un compañero formal. Le gustaban las cosas a su forma.

“Rafael era muy respetuoso. Un hombre de palabra. No le agradaba ver sufrir, ver en la miseria a una mujer. Realmente tenía un gran amor en su vida. Amaba a una mujer allá en el batey de Soloburen. Estaba muy enamorado de María Yanes Corona. Seferino fue testigo de ese amor.

“Se enamoró de una tía de nosotros. Pero no llegaron a na’. No se casaron. Él era muy exigente. Ella no. Ella era una campesina humilde que no pedía na’. Pero no se comprendieron y se dejaron”.

Buenaventura tenia plena confianza en Santiago Castro Barrero:

“Un hombre al servicio de la tiranía se filtró entre los obreros agrícolas que estaban en los barracones. En la zona comenzaban a manifestar inquietudes a favor de la Revolución.

Una tarde, sobre las cuatro y media, Aldo Chala, otro compañero de la clandestinidad y yo corrimos a los barracones en busca de Rafael.

“—Ventura, tenemos que tener cuidado.

“—¿Tener cuidado de qué?

“—Compay, acabamos de saber que Pastor Zamora es un traidor que está con la gente de Masferrer. Tenemos que tener cuidao’ porque si es verdad corremos peligro.

“—Nosotros no tenemos que cuidarnos, el que  tiene que cuidarse es él. Que vea como puede salir de aquí.

“Pastor Zamora, a veces comía con nosotros en el barracón. Pero el hombre se desapareció de por aquí”.

En la zona de Las 1009 se creó un grupo de escopeteros. Se iniciaba la recepción de armas para cuando llegara el momento del alzamiento. Se unieron en la misión, entre otros Rafael, Hermes y Seferino Rondón Yanes.

En un colmenar, propiedad de mi abuelo, teníamos escondidas las escopetas. Empezamos a recoger armas… Rafael, Hermes, Stalin, yo. En total éramos siete. Los siete empezamos a recoger armas pa’ mantenerlas en el escondite de nosotros, ahí en el colmenar de mi abuelo, que por cierto, fue a uno de los primeros que le pedimos la escopeta. Nos la dio rápidamente. Sabía que eta pa’ defender a la Revolución. Así empezó Rafael con nosotros. Era muy exigente. Pero era un compañero muy bueno con nosotros.

“Hablaba muy bien de la Revolución. En to’ momento habla de la necesidad de la Revolución.  De lo que habla mal es de la tiranía que hay aquí, del sacrifico que pasábamos todos.

Rafael siempre me indica:

“—Seferino, esto no puede continuar así con esta  miseria. Tenemos que tumbar a la tiranía.

“Nadie sabe aquí que nosotros estamos trabajando en la clandestinidad. Ni los padres de nosotros lo sabían. Pero tuvimos que decírselo porque había llegado el momento.

“No le dimos mucho rodeo al asunto. Los viejos se preocuparon. Pero pronto comprendieron la situación. Mamá nos  preparó una comida de despedida pa’ todo el grupo. Nos había preparado unos bollos de maíz y unos bisteces de vaca.

Observé a Hermes muy contento, pero a la vez preocupado porque iba a separar por primera vez de los viejos.

Nuestros padres comprendieron que lo hacíamos para el futuro porvenir de la familia y de la gente de aquí.

No se explicaba cómo mi hermano Hermes y Rafael, que eran tan distintos, se llevaban tan bien. El deseo de tomar las armas los había unido mucho.



Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.