Mártires de Pino Tres: Horacio Cubiella Domínguez

Integrantes del Ejército Rebelde

Joaquín Arístides Mirabal y Horacio Cubiella Domínguez, ingresaron juntos al Ejército Rebelde, pero no coincidieron en la misma escuadra. “Horacio, caminaba con dificultades, porque tenia problemas en las piernas, en el brazo”. 

Orlando Mora Montenegro se relacionó con Horacio desde el mismo momento en que se formó la Columna 11, en la Sierra Maestra:

“Era un hombre con preparación cultural. A mi juicio, a mi modo de ver las cosas, tenía instrucción y educación. Una gente que me parecía había estudiado. Era delgado, con los pies muy chiquiticos.

“Era de reciente ingreso a la columna. Él no había tenido tiempo de prepararse, pero lo observé muy dispuesto”.

En la colonia Castillo, del central Préston, nació Horacio Cobiella Domínguez (13 de noviembre de 1924), pero la mayor parte de su vida transcurrió en Macareño, municipio de Santa Cruz del Sur. Era un hombre delgado, de unos treinta y tres años de edad; pelo rubio y ondeado; cara perfilada. Usaba espejuelos de aumento. Estudió en una escuela privada y luego  curso la Escuela Profesional de Comercio de Camagüey, donde se relaciona con los luchadores de la clandestinidad Cándido González Morales, Tato Rodríguez Vedo, Noel Fernández y Rodolfo Ramírez Esquivel.

Horacio era una persona enfermiza, pero sabía imponerse. Tenía una gran fuerza de voluntad.

A partir del golpe de estado del 10 de marzo de 1952 se declara en contra de Batista.

En el Bar Correo de la ciudad de Camagüey trabajaba  Horacio en un estaquillo. El Bar Correo era centro de reuniones de los revolucionarios agramontinos.

En la terminal de ómnibus de Camagüey, Arístides Carrazana Mirabal abordó una ruta. Era la madrugada del 28 de julio de 1958. Allí conoció a Horacio Cobiella. Viajaban para Veguitas.

“En un bar allá en Veguitas teníamos que hacer un contacto con un compañero. Teníamos que llevarle un papel que nos habían dado en Camagüey el compañero Luciano Medina, que era el que se encargaba de los trámites para entrar en Canabacoa, donde estaba el campamento del Chino Figueredo.

“Nosotros nos encontramos en la guagua. Él lleva el papel que le habían dado sujeto, en el pecho, con un esparadrapo, como si tuviera una herida. Un gran error de su parte, al igual que cometí yo también. Pero bueno, ni Horacio ni yo afrontamos dificultades durante el viaje. En Veguitas, como estaba previsto, contactamos con el hombre del bar.

“Inmediatamente nos montamos en un auto que  nos llevó a Canabacoa, en las estribaciones de la Sierra Maestra. El auto nos dejó en un lugar seguro en los límites con la Sierra. Unos jinetes nos guiaron hasta el campamento del Chino Figueredo.

“Había mucho entusiasmo. Vinieron algunos compañeros y las mujeres a recibirnos allí, en el campamento del Chino Figueredo. A los ocho días de estancia en el campamento comenzamos el ascenso hacia la Sierra Maestra, bordeando las faldas de las montañas, cruzando las aguadas y avanzando por los trillos y serpentías, entre zarzales”.

Esa representó la primera prueba de Horacio Cobiella  Domínguez que afrontaba dificultades al andar. Con anterioridad ya habían acampado varios días en el campamento de Víctor Mora. .

Con otros prácticos llegaron a la Sierra Maestra. El grupo fue directamente al mismo campamento de FidelCastro.

Precisa Joaquín Arístides Carrazana Mirabal que aún con el efecto del cansancio Horacio le dijo.

“—Carrazana, yo era estudiante, pero últimamente trabajaba en el Bar Correo vendiendo cigarros, tabacos y otras cosas. Trabajaba en el estaquillo del Bar Correo”.



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