Mártires de Pino Tres: Ricardito Pérez Alemán

La ofensiva del Ejército de la tiranía  contra los guerrilleros en la Sierra Maestra fracasó. Los soldados fueron derrotados, mientras que el Comandante en Jefe Fidel Castro ultimaba los preparativos para la contraofensiva.

De distintas partes del país se habían sumado cientos de revolucionarios a la lucha armada. En los primeros días de agosto un joven estudiante de Ciego de Ávila se sumaba a los rebeldes. Un campesino, Eloy Cabrales Sánchez simpatizaba con el muchacho. Tenía carácter, pero también era muy comunicativo. Me impresionó su forma de ser:

“—Eloy Cabrales Sánchez pa’ servile.

“—Ricardito Pérez Alemán, mucho gusto.

“Siempre estaba intercambiando con nosotros sobre las técnicas de la guerra de guerrilla y otros conocimientos vitales para un  combatiente.

“Nos hablaba mucho del trabajo de él en la clandestinidad. Me dijo que era estudiante y que había participao’ en muchas acciones con el Movimiento 26 de julio en Ciego de Avila.

“—Los estudiantes siempre estábamos en acción  allá. Yo estuve preso por la tenencia de  explosivos.

“Nuestra amistad se fortaleció mucho. Recuerdo que estando acampados en Las Vegas de Jibacoa nos asignaron una misión a Ricardito y a mí. Teníamos que recoger, en una finquita, bastante distante de Las Vegas, unos alimentos. Un campesino nos entregaría unas viandas para la tropa.

Recuerdo que nos levantamos temprano. La caminata era larga. Marchábamos antes de salir el sol, pero con los primeros claros del día.

“A las dos y treinta de la tarde localizamos el bohío. El campesino nos estaba esperando. Nos entregó dos sacos con yuca. Emprendimos el fatigoso retorno al campamento pero esta vez con el peso de la carga: un saco cada uno. Salimos a las tres.

“Caminábamos de prisa y de tramo en tramo nos deteníamos para acomodar la carga. Mientras se limpiaba el sudor  me dijo:

“—Media Luna, cuando triunfemos, tengo muchas esperanzas de volver a Ciego de Ávila. Voy para mi pueblo a ver a la vieja, a mi familia y seguir estudiando.

“Ricardito me decía Media Luna, porque yo le dije a él que vivía en Media Luna, un pueblo que queda entre Niquero y San Ramón.

Recuerdo que con toda aquella carga nos sorprendió un aguacero, un aguacero muy grande.

“Él calzaba un par de zapatos rotos. No tenían tacones. Se caía al fango con frecuencia. La tierra resbalaba como el jabón. Con la mano derecha se apoyaba en el suelo, pero no soltaba el saco de yuca. El pantalón y la camisa estaban envueltos en una mezcla de fango. Descendía la pendiente con el trasero. A mi me causaba risas. “Bajábamos la loma.

“—¡Figúrate!. Te tienes que caer— le decía.

“Rodaba loma abajo.

“—¡Coño!. Deja que me den un par de zapatos para que tú veas que no me caigo más.

Esa era su respuesta. Yo no dejaba de reírme, pero le ayudaba a levantarse con el saco. Continuaba riéndome, pero no se ponía bravo. A veces también él se reía. La lluvia pronto limpió nuestra vestimenta.

“Llegamos abajo. Se localizaba Las Vegas, pero el  río estaba crecido No podíamos pasar con los sacos cargados de yuca. Se nos ocurrió una alternativa:  lanzar las yucas una por una, al otro lado del río. Completamos la operación y amarramos  los sacos a una piedra y los tiramos pal’ otro lado pa’ poder  pasar. A nado cruzamos el río.

“Esa forma de ser de Ricardito demostraba su sencillez. Cumplió 26 años de edad en plena Sierra Maestra, el 24 de agosto de 1958 cuando estábamos en los preparativos  pa’ la Ofensiva Final.

A Ricardito lo ascendieron al  grado de primer teniente y jefe de una escuadra de la Columna Invasora número 11.

Por ese desprendimiento ante las cosas materiales y  su sentido de solidaridad, Ricardo Pérez Alemán 31 era de la gente que no se podía aguantar al ver el dolor humano. Por eso se incorporó a la lucha armada en la Sierra Maestra.

Él parece que desde antes de la secundaria era así, desde la cuna era así. En Ciego de Ávila, donde procedía, se desempeñó como presidente de la Asociación de Alumnos del Instituto de Segunda Enseñanza.

Dado a sus ideas revolucionarias y progresistas fues muy perseguido en Ciego de Ávila. En el mes de febrero de 1957 participó en disímiles actividades clandestinas como miembro de los grupos que se oponían al régimen del general Fulgencio Batista. Cuando salió de la prisión de Camagüey el 21 de junio de ese año 57 tenía solo 24 años de edad.

 



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