Mártires de Pino Tres: Pedro Ballester Noriega

En esta foto, con sombrero, Pedro Ballester

En la Ofensiva del Ejército de la tiranía contra los rebeldes, Pedro Ballester llegó a la Sierra Maestra. Fue a final de julio. Pablo Roberto León González lo vio llegar.

“Ya había terminado el combate de El Jigüe. En esos días se tomaron  unas fotografías en La Plata. Pedro posó frente a la cámara. Nosotros también y muchos del pelotón”.

“Pedro salió para La Habana, con un mensaje, una misión y  se llevo  incluso  el rollo de las fotos”.

Mercedes Fuentes Ruiz recibió en su casa en La Habana  a Pedro Ballester Noriega:

“Recuerdo que era el mes de agosto cuando Pedro Ballester llegó a la capital, al riesgo de su propia vida. Los esbirros de la tiranía lo tenían fichao’.

Presencié cuando mi cuñado, le entregó el rollo 37 fotográfico a su hermano, a mi esposo. Yo desconocía su procedencia y contenido.

Pedro vino aquí, a La Habana, a una misión, y trajo ese rollo. Mi esposo lo guardó en una lámpara de luz  fría en la sala”.

La ofensiva del Ejército contra los rebeldes había fracasado, había concluido con una gran victoria para los guerrilleros de las montañas. Pedro salió a cumplir otras misiones riesgosas.

“Teníamos la Columna preparada y a Ballester se le encomendó, junto a otro rebelde, buscar unas ropas a Manzanillo. Ropas y zapatos para la tropa”.

Orlando Mora Montenegro considera que Pedro era una persona educada.

“Se notaba que había estudiado. Tenía nivel. Tenía un  físico de estudiante, de gente de ciudad. El hombre de campo, bueno el físico no es igual. Pedro tenía físico de estudiante, de hombre de ciudad. Eso sí, una gente muy noble. Un muchacho grueso. No era gordo pero si fuerte, trabado y blanco de piel”.

Por su valor, nivel de decisión e inteligencia, a Pedro Ballester Noriega lo ascendieron a primer teniente jefe de  escuadra del pelotón número 1 de la columna 11. Pero desde la clandestinidad se había destacado.

Siempre, Pedro había sido una persona muy inquieta y dinámica. Su niñez transcurrió en La  Habana, donde nació el 1 de agosto de 1933. Adolescente aún, a los catorce años, se trasladó para Ciego de Ávila donde vivía su hermana mayor, Alejandrina.

Su cuñada Mercedes Fuentes Ruíz apreciaba al joven.

“Sin darnos cuenta, el tiempo transcurrió y Pedro  vino de regreso a la capital con el objetivo de  cursar estudios para técnico laboratorista, en el hospital “Calixto García “, donde concluye la especialidad.

“Tengo entendido que desde muy joven se había manifestado en contra de la dictadura de Batista. Participó junto a otros jóvenes revolucionarios en diferentes acciones.

“Era la imagen de un muchacho alegre y amante de la justicia. Era muy valiente. Mi cuñado era un  gran muchacho, un muchacho muy bueno, un muchacho que estudió su carrera y siempre se inclinó, eso si, a favor de la Revolución.

“Pedro Ballester Noriega era alto, de pelo negro, ojos negro, bien parecidos. Tenía como seis pies —no llegaba a los seis pies de altura— pero poco más o menos.

Pedro adoraba mucho a su mamá. Antes de marcha a la Sierra le dijo:

“—Vieja, usted es para mí lo más grande del mundo. Yo no sé qué haría sin usted. Voy a salir de La Habana, pero regreso pronto, Cuídese mucho mi vieja, cuídese mucho.

“Adoraba a su mamá. Él vivía aquí en La Habana con su mamá, pero después, por el mismo problema de querer estar cerca de la Sierra, que se quería ir para allá, entonces viajó a Ciego de Ávila, a vivir con su hermana mayor.

“Al principio yo desconocía de las actividades revolucionarias de mi esposo 8 y de mi cuñado. Pero fichado por las fuerzas represivas de la tiranía, Pedro decide abandonar la capital. Mi esposo participaba también en las actividades clandestinas. Pedro se fue para Ciego de Ávila a vivir con su hermana Alejandrina que lo recibió con mucho cariño”.

En la ciudad de Ciego de Ávila, Pedro estableció profundas amistades con los estudiantes del Instituto de Segunda Enseñanza. Entre ellos con Pablo Roberto León González:

“Lo conocimos en Ciego. Éramos dirigentes del Instituto. Él vino de La Habana. Había trabajado en el Movimiento. Él tenía en esta ciudad una hermana que estaba casada con un médico. Pedro  participaba con nosotros constantemente en las luchas estudiantiles, en las manifestaciones estudiantiles. Salíamos del Instituto y cuando la policía nos interceptaba frente al hotel Rueda, los compañeros —por grupos— salíamos por distintos puntos. Era tirando todos los latones de basura para la calle y demás. En esas actividades,  siempre participaba Pedro Ballester y otros compañeros que, aunque no eran estudiantes, estaban muy ligados a nosotros”.

Otros capítulos

La emboscada de Pino Tres y la msacre de la Caobita

Entre farallones

Jesús de los Angeles  Lotty

Los hermanos Álvarez Zorzano

Genaro Andrés Brito Vargas



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