Mártires de Pino Tres: Genaro Andrés Brito Vargas

A pesar de la patética situación económica que afrontaba la familia, Genaro Andrés Brito Vargas, nunca perdía el sentido del humor. Era muy alegre. En San Ramón, Campechuela, nacieron los trece hermanos. Siete hembras y seis varones. Genaro Andrés era el  tercero del matrimonio.

Era una persona muy noble y a veces despreocupada. Su mamá le encomendaba buscar los mandados y él se desvía a jugar bolas. Por la tarde era que regresaba con el encargo. El hermano Luis Mariano, se reía de las travesuras del muchacho.

“Fíjate si este muchacho era del caray!…Una vez lo mandaron a llevar el almuerzo al viejo de nosotros, que trabajaba en la reparación de las líneas férrea. A las cuatro de la tarde no había llevado el almuerzo porque se quedó jugando bolas ahí con los otros muchachos.

Genaro Andrés creció. Muy joven todavía se desempeñaba como cortador de caña. En tiempo muerto  marchaba a Manzanillo para dedicarse a otras labores, con el propósito de ayudar a la manutención de la familia. Para Rafael, su hermano Genaro Andrés significaba mucho.

“Era muy cariñoso. Él cortaba caña con Luis Mariano, cortaba caña conmigo y nos decía:

“—Aquí hay que aprovechar esto porque es na’  más que dos meses de zafra. Después viene el tiempo muerto y no hay que buscar más na’.

“Mi hermano estaba muy vinculado con el Movimiento 26 de julio en Manzanillo y en San Ramón. En Manzanillo participaba en sabotajes y  otras acciones. En una oportunidad le rompieron los cristales a una guagua. Ahora, a raíz de eso ya los guardias lo tenia chequeao’. Lo detuvieron, lo maltrataron de palabras.

En una ocasión vinieron unos amigos de Genaro Andrés a San Ramón, vinieron de allá de Manzanillo y dio la casualidad que ese día por allá  abajo, en San Ramón, pusieron una bomba, no ellos sino otra gente y entonces cogieron preso al muchacho”.

A partir del sabotaje, el Ejército comenzó a perseguirlo. Lo persiguen en Manzanillo y lo persiguen en San Ramón. Antes de irse le confesó a su hermano:

“—Luis Mariano, no me agrada mucho tener que irme y dejar a la vieja preocupa’, pero tengo que tomar el camino de las montañas. Ya no puedo seguir aquí. Cualquier día de esto me van a matar los guardias. Es mejor que me maten allá peleando, luchando pa’ que esto sea libre, luchando pa’ acabar este maltrato que tiene el Ejército de Batista con el pueblo, a que me maten aquí sin poder defenderme. De esto no he hablao’ con nadie. Solo de la familia lo conoces tú. Guarda el secreto”.

Todo estaba decidido. El 12 de junio de 1958 Genaro Andrés se despidió de la familia, pero no dijo nada del motivo de aquel adiós. Como él era así tan cariñoso no se percataron de las intenciones del muchacho.

Abrazó a los viejos. Abrazó al hermano Rafael. Abrazó a Luis Mariano. Los abrazó a todos y se marchó. Rafael se quedó muy entristecido.

“Era un muchacho cariñoso y jaranero. Era un jovencito bien parecido. Fuerte, gordo. Pesaba como 180 ó 200 libras. Mi hermano era un oro para la familia. Era muy querido en San Ramón. Se llevó la alegría de la casa.

“Le gustaba jugar pelota, reunirse con sus amigos.  Le gustaba esas cosas propias de los jóvenes. Esa era su vida, y el  trabajo. A más na’ se dedicaba,  porque él nunca fue persona vagamunda. Nunca fue vagabundo. Siempre estaba en su casa, ahí tranquilo. Aquí nos criamos en este barrio”.

Genaro Andrés era casado. Se casó con Estela Anaya López y esperaban un hijo. La mujer tenía tres meses de embarazo cuando tomó el camino de la Sierra.

El Ejército Rebelde comenzó a recibir apoyo del campesinado y muchos hombres humildes se unieron a la guerrilla. Brito Vargas ingresó al Ejército Rebelde,  en la Sierra Maestra. Transcurría el mes de junio de 1958. Eloy Cabrales Sánchez lo vio llegar.

“Yo vivía en Media Luna, muy cerca de San Ramón. Juntos integramos una escuadra de doce hombres dirigida por el teniente Marciano Ross Castro. En la Sierra profundizamos nuestra amistad. Era un compañero muy jaranero. Siempre estaba retozando, jugando. Tenía muchas características  de muchacho todavía. Le gustaba jugar mucho, jaranear mucho.

En conversación con él me dijo una vez:

—Eloy yo soy de San Ramón.

—Ah !. Yo soy de Media Luna.

Entonces conversábamos mucho. Casi siempre estábamos juntos los dos”.

El día 9 de agosto Genaro cumplió veintidós años de  edad en las montañas. Eloy estaba en lo cierto, Genaro aún era un muchacho. Se notaba que procedía de una familia humilde.

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