Mártires de Pino Tres: Los hermanos Álvarez Zorzano

El primero de la izquierda uno de los hermanos Zorzano

La ofensiva del Ejército proseguía. Pablo Roberto León estaba convencido, que además de la razón y el valor, la tropa rebelde tenía una situación favorable:

“Nosotros, teníamos a un pelotón de casquitos derrotado y decido parlamentar por mi cuenta con el jefe de ellos. Caminé hasta donde estaban parapetados. Miré así, a mi lado estaba Braudilio. Fue un error nuestro llegar hasta la posición enemiga. Nos podían haber matado. Le expliqué a los guardias que era inútil que continuaran combatiendo, que incluso un alto oficial de su tropa estaba prisionero en poder de nosotros. El oficial pidió que le lleváramos al hombre. No confiaba en nosotros. Prensaba que actuamos igual que ellos. Le prometimos regresar con el hombre. Dije para mí: “Si le doy la espalda a ésta gente con el miedo que tienen nos pueden tirar “. Les fui hablando para entretenerlos, pero sin darles la espalda. Al llegar a la  falda de la loma le digo bajito a Braudilio:

“—Oye muchacho, en el primer disparo de ellos te tiras por esa pendiente.

Por suerte no dispararon. Braudilio no mostró el mínimo de temor·”.

 

A los hermanos Rafael y Braudilio Alvarez Zorzano todos los que estaban en la Sierra los recordaran siempre, entre ellos Eloy Cabrales Sánchez:

 

“No le temían a las balas ni a largas caminatas; no le temían a las vicisitudes de la guerra. Aquellos  dos muchachos habían soportado una miseria terrible en el batey del central Estrada Palma. Desde  niños tuvieron que enfrentarse a las duras faenas del campo. Habían subido a la Sierra para contribuir a cambiar la situación que afrontábamos. La Sierra Maestra es testigo de la valentía de esos muchachitos.

“En todo ese trayecto en la guerra yo los conocía. Ellos eran combatientes viejos, incluso, no estoy seguro, pero el mayor de ellos, que era bajito, trabado, a ese, Rafael, me dijo:

—Cuando el combate de El Jigüe, que Fidel dio la tregua, fui quien llevé la carta al comandante del Ejército de Batista que estaba allí para suspender el tiroteo.

A los Zorzanos nada los impresionaba. Amaban la vida como todo ser humano, pero estaban decididos a quitarse de encima esa existencia amarga  que arrastraba la familia”.

 

Otros capítulos

La emboscada de Pino Tres y la msacre de la Caobita

Entre farallones

Lotty



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