Gente de pueblo: Santa Cruz del Sur. Una sospechosa derrota en el béisbol

Equipo actual de beisbol de Santa Cruz del Sur

El poblado costero de Santa Cruz del Sur aportó varios atletas al deporte cubano. Había una gran efervescencia, principalmente en el béisbol. Cuentan muchas personas que, por esa disciplina, Leonardo Vila Aróstegui tenía una gran afición:

“En la temporada en la que no tenía mucha presión de trabajo, que era muy poca, me dedicaba a la práctica del béisbol. Pronto me especialicé como lanzador; los entrenadores opinaban que me desempeñaba muy bien, pero que había que demostrarlo en un partido de nivel.

”En el puerto de Santa Cruz se encontraba fondeada una escuadra de la Marina de Guerra de los Estados Unidos, muchos de los tripulantes practicaban béisbol e incluso contaban con un equipo que, según tengo entendido, era muy poderoso: Los Campeones del Atlántico.”[1]

”Las autoridades locales y la oficialidad de la escuadra americana acordaron desarrollar un encuentro amistoso. Los yanquis se daban por vencedores y algunos de los del patio consideraban que era un juego entre el mono y el león y el mono amarrado, por supuesto que los monos éramos nosotros.

”Todo fue previsto para un domingo, el capitán de nuestro equipo, Héctor García, se manifestaba optimista, lo noté muy contento. Me planteó que a mí me correspondía lanzar ese juego. Presentaron a las dos escuadras, la de ellos y la nuestra. Los americanos salieron al campo como triunfadores, me llevé la ligera impresión que se mostraban prepotentes.

”No recuerdo si el primer lanzamiento fue una recta o una curva, de lo que sí estoy seguro es que el bateador se fue en blanco con una bola mala. Héctor me pedía que tuviera calma que mantuviera el control y así lo hice. Ninguno sacó la pelota del cuadro. Ahora estaba más convencido de que podíamos vencer. Los primeros tres peloteros, los mejores de ellos, los pude controlar sin dificultades. Después entramos nosotros y anotamos una carrera y posteriormente otra. Los campeones del Atlántico fueron vencidos con lechada. Lancé las nueve entradas completas y les propinamos nueve escones. Todos estábamos muy alegres y seguros que si logramos derrotarlos en este primer encuentro podíamos hacerlo en el segundo.

”Pero como todas las cosas que están vinculadas con la política sucia, en el segundo juego sucedió lo que no esperábamos. Aunque no me llamó la atención la sorpresiva visita de algunos oficiales de la escuadra yanqui a las autoridades locales, me parecía que había gato encerrado.

”Nuevamente estábamos en el terreno el domingo siguiente y las principales autoridades nos fueron a visitar. Se reunieron con nosotros. Fueron muy claros:

”–Por ningún motivo ustedes pueden ganar.

”Traté de lanzar con dignidad, pero pronto encontré la presión de los directivos. Los complacimos. Al principio los aficionados no lo notaron, pero a medida que se fue desarrollando el partido los espectadores empezaron a insultarnos. Hasta una línea fácil de capturar se convirtió en un doble. La gente nos gritaba y nos expresaba todo tipo de palabra ofensiva. El encuentro no tuvo un final feliz porque en la octava salida abandonamos el campo”.

Durante mucho tiempo Héctor Acosta Avalo no encontró explicación a aquella derrota:

“El equipo Campeones del Atlántico, digo yo que curiosamente perdió el primer juego y ganó el segundo. El mismo pitcher del equipo de Santa Cruz del Sur, que se veía que estaba dominando a los americanos, comenzó a decaer sin ningún motivo. No sé por qué pero perdió con los peloteros yanquis.

”Y comentando de deportes, Santa Cruz del Sur siempre tuvo tradiciones beisbolera. A mis 17 años de edad tuve mi primera oportunidad de practicar deportes. Había cierta compenetración entre los jóvenes que se agrupaban según la edad.

”Los de mi edad se caracterizaban por un sentimiento deportivo de tal magnitud que adoptamos el acuerdo de formar una sociedad deportiva, que incluía muchas disciplinas: el béisbol, la jabalina, el fútbol, el ajedrez, el dominó, la dama y el voleibol.

”Algunas disciplinas las practicábamos de día y de noche. La sociedad tuvo dos nombres: Club Atlántico Juvenil y Club 10. Nuestras fiestas las organizábamos los domingos por el da, después de haber concluido los partidos deportivos. Una fiesta sencilla, con dulce de mantecado, refrescos y la música bailable. Estaban prohibidas las bebidas alcohólicas.

”Santa Cruz del Sur contaba con tres novenas de pelota: Clubclare, Marino y El Delirio.

”Reinaba aquí un gran ambiente deportivo. Muchos aspiraban a formar parte de los equipos patrocinados por importantes empresarios”.

Orencio Benito Marrero fue un joven muy afortunado desde el punto de vista de la libertad que le dieron de escoger su propio destino:

“Desde que tuve uso de razón me gustó la pelota y me dedicaba exclusivamente a la práctica de deportes. A mis padres les era indiferente la vida que escogí y no se interesaron por cuál oficio me inclinaría lo que fue favorable a mis deseos. Tampoco fui una preocupación para ellos.

”Cuando tuve cierta edad y como me desenvolvía bien en los juegos de pelota, me seleccionaron para integrar una novena juvenil. Cuando me lo propusieron, al momento estuve de acuerdo. Tuve que demostrar en el terreno mis cualidades como receptor y figuré entre los jugadores de primera clase, hasta jugar, en esa posición, en diversas ciudades de nuestro país. En esa época, cuando el pelotero se destacaba los patrocinadores lo solicitaban enseguida y, con ello, el atleta tenía garantizado un puesto de trabajo ya sea en el central azucarero o en una industria.

”Como receptor fui afortunado también, ya que integré un equipo del Ejército y, durante cinco años, me dediqué sólo al deporte, me desempeñaba como receptor”. (DEL LIBRO SUEÑOS Y TURBONADAS)

Nota:


[1] Las personas que ofrecieron este testimonio ya han fallecido, al igual que el coautor que realizó las entrevistas. Según algunos investigadores que estudiaron el tema, entre ellos Ángel Ventura Bass, afirman que ese partido de béisbol se realizó en el verano de 1928 ó 1929, aunque, como no fue un juego oficial, el encuentro no fue recogido en ningún documento ni tampoco tuvo la cobertura de la prensa de la época.



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