Huracanes en Santa Cruz del Sur: La verdad sobre el tren de auxilio y los 500 pesos

Fotos autor y archivo

Fragmentos del libro Sueños y turbonadas (http://www.elaleph.com/libro/Suenos-y-turbonadas-de-Lazaro-David-Najarro-Pujols/51196/)

Durante años estuve buscando la confirmación del testimonio de Ramón Guerra Cabrera (Mongo “El Jaco”), que atestiguaba que muchas victimas del huracán del 9 de noviembre de 1932 se debieron, entre otras causas a la negativa de la compañía norteamericana de los ferrocarriles de autorizar la salida del tren de auxilio hasta tanto las autoridades de Santa Cruz del Sur corroboraran el pago de 500 pesos para socorrer a decenas de personas que se refugiaban en los vagones del ferrocarril.

La información la confirma Regino Avilés Marín que añade que su tío Rafael Olegario Marín Placeres (1896-1985), maquinista de Primera Clase de los Ferrocarriles Consolidados de Cuba, le narró que él estaba realizando el itinerario en el tren Camagüey-Santa Cruz del Sur y que en esos días del huracán estaba listo un grupo de maquinistas y fogoneros de reserva para cualquier eventualidad en las líneas. Esta es la historia hasta ahora aparentemente desconocida.

II

Rafael Olegario Marín Placeres espera la orden para conducir su locomotora hacia el puerto de Santa Cruz del Sur que es amenazado por un terrible huracán. Es el 9 de noviembre de 1932. Viste un “overall” azul con tirantes, chaqueta de mangas largas del mismo color con botonaduras doradas y la gorra reglamentaria. La locomotora había entrado en el andén de la colonial Estación Central de Camagüey. El tren de pasajeros había llegado de Nuevitas.

El maquinista, extrae de su bolsillo su reloj “Watlam” de oro macizo para comprobarlo con los relojes que están en el andén. El maquinista, alto y grueso se nota intranquilo. Le preocupa la espera. De vez en vez pronuncia algunas palabras en un inglés perfecto, como hablando consigo mismo. La compañía ferroviaria exige el pago de 500 pesos por el servicio del tren de auxilio.

III

El huracán de categoría 5 (en la escala Saffir-Simpsom) avanza al oeste, entre el Cabo Gracias a Dios, en Nicaragua, y Jamaica, en busca de Centroamérica, pero pronto, en forma de recurva cerrada, se desvía al norte nordeste y se ubica a 150 millas al oeste de Punta Negra, en Jamaica, por lo que la provincia de Camagüey se reporta entre los territorios de mayor peligro.

El meteoro presenta vientos sostenidos de 222 kilómetros por hora, la velocidad de traslación es de 22 y el diámetro del vórtice de 66 kilómetros.

En Santa Cruz del Sur se comienzan a sentir los efectos del fenómeno atmosférico. Tarde en la noche se inicia una leve llovizna y las nubes cubren la claridad de la luna y las estrellas.

El parte del Observatorio Nacional llega por telégrafo en la madrugada del 9 de noviembre. No hay tiempo para adoptar medida alguna. Pronto el mar toma posiciones en las zonas más bajas de la larga calle de la Marina y en los callejones perpendiculares.

IV

En el muelle ha quedado una casilla del ferrocarril. Son las 8 de la mañana. La gente se protege en el vagón de carga, con un peso superior a las cinco toneladas. Unas 42 personas se reúnen allí, entre ellas las familias de Salvador Furiach, Eliécer Betancourt y otras más. Una ola gigantesca entra a la casilla.

Minutos antes Eliécer había dado la orden de que se abriera la otra puerta para no hacerle resistencia al mar y al viento y el agua pudiera entrar y salir libremente. En el way hay 40 casillas más que no pueden resistir la furia del viento y del mar.

Escuchan los gritos aterradores de las mujeres, los niños y los hombres hasta que son apagados por el agua. Ven pasar encima de un piano a una mujer completamente desnuda y aterrada.

Como hoja de papel, un vagón de carga es levantado por la furia del agua y el viento, con 150 personas en su interior.

Ángel Córdova ve morir muchas de las personas que había conocido desde hacia un mes. Las ve morir con gran desesperación en sus rostros. Su suerte es distinta. Sólo la casilla en la que él se encuentra, en espera del tren de auxilio, no es virada por las fuerzas del mar y el viento. Como una locomotora invisible el viento empuja la casilla por los rieles.

La mole de aire que mueve al meteorito se calcula en más de un billón de toneladas. En solo dos horas el huracán cobra decenas de víctimas.

El mar había subido en Playa Bonita a seis metros de altura y continúa avanzando por tierra firme 25 kilómetros con su carga de muerte.

A las doce del día hay una tregua y de nuevo el huracán se ensaña con la gente. Unas olas inmensas acaban de destruir lo que quedó en pie del poblado, con la excepción de una casona de madera, de dos plantas que resiste la furia de las aguas y el viento durante estas horas infernales.

V

El huracán del 9 de noviembre de 1932 recorre con rapidez a la provincia de Camagüey de sur a norte. Deja tras de sí una huella de destrucción, dolor y muerte. Los fuertes vientos, las lluvias y las olas continuaran buscando nuevas víctimas rumbo a las islas Bahamas. Deja cicatrices profundas en aquella gente.

La compañía del ferrocarril no envía la locomotora. Santa Cruz del Sur se convierte en un cementerio de cadáveres calcinados. Sobre su tierra quedan arenas, columnas rotas, pisos de cemento fracturados por las fuerzas del mar. Y entonces “… la muerte del pueblo fue como siempre ha sido: como si no muriera nadie, nada, como si fueran piedras las que caen sobre la tierra, o agua sobre el agua.” (Pablo Neruda)”.

Rafael Olegario Marín Placeres fue testigo de que el tren de auxilio no salió hasta el día 10. Transportó hacia Camagüey a muchos heridos en estado grave como consecuencia de los efectos del huracán, la sed, el hambre y la desesperación.

En Santa Cruz del Sur, el huracán causó cerca de 4 000 víctimas entre muertos y desaparecidos, de los más de 5000 habitantes que residían en el sureño poblado camagüeyano. Resultó la mayor tragedia natural en la historia de Cuba. En el cementerio que se construyó en el nuevo poblado después de la catástrofe, se erige un panteón en homenaje a los que perdieron la vida el 9 de noviembre de 1932.

El panteón tiene forma de octaedro, está revestido de azulejos blancos y protegido por cadenas. Al fondo, en la tapa de mármol blanco que cubre la entrada de la fosa se lee un texto grabado en el que se implora al cielo paz eterna.

Separado unos metros del panteón, al fondo, se levanta una cruz de madera y metal de más de 6 metros de altura que completa el conjunto funerario. Al cementerio local año tras año, el 9 de noviembre, gran parte de la población santacruceña y foránea asiste en peregrinación a rendir tributo a los que perdieron la vida. El cortejo, que ya es tradición, acompañado de la Banda de Concierto, inicia su recorrido desde el Parque Central de Santa Cruz del Sur.

El 8 de noviembre de 2008,  76 años después de aquel desastre el poblado de Santa Cruz del Sur es azotado por el huracán Paloma de categoría 4 (en la escala Saffir-Simpsom)… Nuevamente el poblado es devastado por las olas del mar y los vientos sostenidos.

Ni una sola persona falleció. Decenas y decenas de medios de transporte acudieron muchas horas antes a socorrer y trasladar a lugar seguro a los evacuados. Se erigió una comunidad con casas temporales y posteriormente se inauguró la Comunidad 50 aniversario.

(Publicado en http://primiciadiario.com/archivo/2012/huracanes-en-santa-cruz-la-verdad-sobre-el-tren-auxilio-y-los-500-pesos-80-anos-despues/)



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