Santa Cruz del Sur, Cuba: Grandes veleros en el puerto

La costa sur de la provincia de Camagüey se presentaba como una de las zonas más bellas del archipiélago cubano. La ciudad de Santa Cruz del Sur se extiende a orillas del mar. Era una ciudad tranquila con poco ruido pero sí con muchas leyendas e historias.

La razón fundamental de su fundación en 1826 se debía al desarrollo de la industria de la madera,[1] que constituía la principal riqueza económica de la región, sometida desde finales del siglo XIX y hasta la década del 30 del siglo XX a una indiscriminada explotación. También la pesca representaba un sustento importante en la zona.

De Manzanillo vino el grueso de los habitantes, por ser uno de los puertos más cercanos. De allí procedían además los principales abastecimientos, aunque de la ciudad de Camagüey acudieron los primeros inquilinos.

Teófilo González Mantilla tenía la mar frente a él o vivía dentro de ella:

“Siempre el paisaje es hermoso en el litoral: los cayos cercanos (El Muerto y Carenero) y los que se alcanzan con la  vista le imprimen a la geografía de Santa Cruz del Sur una belleza exclusiva y única, pero en los tiempos de los grandes bergantines y barcos de velas, que venían en busca de madera talada, era mucho más impresionante el puerto. Grandes barcos de velas, largos, angostos y de afilada proa –que compaginaban velocidad y navegación– se apreciaban próximos a la costa.

”Noruega, Inglaterra,la Rusiadel Zar, Finlandia, Italia, España, Estados Unidos de América, Dinamarca, Francia, Portugal, Alemania, Suecia y Polonia eran los principales países compradores de la madera talada y embarcada en Santa Cruz del Sur.

”Nací aquí y soy testigo de la entrada del primer navío extranjero que ancló en el puerto. Venía en busca de madera. Era de matrícula sueca. Recuerdo su nombre: El Abasto. Le siguió El Frank, de Noruega y posteriormente atracaron El Carmelita, La Josefina y El Aniceto, estos tres veleros eran españoles.

”De Rusia surcó los mares de los Jardines de la Reina El Dianés, mientras que de Italia atracó en puerto santacruceño La Casma. De Norteamérica vino Nuestra Señora de Asueto.

”Una hermosa imagen se observaba todos los días en el litoral de Santa Cruz del Sur con la presencia de diversos navíos de dos y cuatro palos y hasta 25 velas. Sus nombres, generalmente, se debían a sus constructores, como Palmares, Fragatas, Paile–Botes, Barcas y Bergantines.

”Mis ojos vieron también un barco ruso de 29 velas: El Vis–Barca.

”En 1912 entró un bergantín de esa misma nacionalidad que dejó huellas en mi memoria.

”Fue en el verano. A los diez días de estancia de aquel navío en nuestro puerto, aún la tarea a bordo era activa. Los hombres estaban sofocados por el intenso calor y la dureza de aquella labor. Pronto observé una gran mancha oscura en el horizonte. Sabía lo que se acercaba. Justo a las cuatro de la tarde comenzó a llover intensamente, era un chubasco torrencial. El segundo oficial ordenó a la tripulación a colocar unos cubos en los lugares convenientes para llenar de agua de lluvia los depósitos del bergantín. Esa agua se destinaba al consumo humano durante la travesía de retorno a Rusia.

”Los guincheros de los bergantines son hombres muy fornidos, escogidos en los puertos de procedencia de esos navíos. Su tarea fundamental era manipular el guinche con una manigueta. El marinero, que estaba muy sudado por el intenso calor y el esfuerzo físico que desarrollaba, se negó a exponerse a la lluvia. El resto de la tripulación lo siguió.

”Ante la negativa, el segundo oficial fue en busca de su superior, que tampoco convenció a la tripulación y entonces acudió el capitán con varios marineros armados y obligaron a aquellos hombres a recoger el agua de la lluvia. Pero el guincherono acató la orden.

”–Me pueden matar, pero no me voy a exponer a una enfermedad –dijo el hombre con firmeza.

”– ¡Déjenlo! Asumirás las consecuencias de la desobediencia –dijo el capitán enfurecido. ”Dejó de llover y también concluyó la agotadora jornada. Llevaron al marinero a un camarote que fungía como calabozo del barco. Al día siguiente vi regresar al güinchero acompañado por dos hombres armados. Estaba pálido y con ojeras. Cada vez que terminaba la faena lo conducían a la celda. Dormía en el suelo en aquel camarote pestilente. Era indignante el trato con aquel hombre. Nos reunimos los obreros portuarios y acordamos detener el embarque de madera si no liberaban al guinchero. Aún faltaban alrededor de diez días para concluir el trabajo.

”Comisionamos al capataz y a un obrero para que se entrevistaran con el capitán de aquel velero ruso. Todo fue claro.

”–Si no liberan al guinchero vamos al paro.

”Al capitán no le quedó otra alternativa que liberar al hombre. Nosotros consideramos que era un castigo muy humillante por haber alegado una razón justa”.

Adolescente aún Ramón Lazo Gil se desempeñó como narigonero en la industria maderera de Santa Cruz del Sur.

“Compartía mi labor con Feliberto Barrio. Transportábamos los bolos en el aserradero de San Pelayo. Empleábamos bueyes en aquella faena. Permanecí allí por más de tres años.

”Aquel era un trabajo de esclavos. Ya convertido en jovencito traté de conseguir otro trabajo. Se me presentó la oportunidad en la bodega mixta, propiedad de Orencio Martínez. Estaba ubicada en la calzada de Cisneros y a la vez atendía el establo de cuidar los caballos de los campesinos que arribaban al poblado.

”Tuve la necesidad de extraerme una muela. En el poblado no había dentista y recurrí a Manuel Consuegra, el barbero. Ese momento lo recordaré toda mi vida pues me extrajo la muela sin anestesia”.

Muy joven Sabino Rodríguez Menéndez vino de España y echó ancla en Santa Cruz del Sur:

“Encontré aquí una fuente de empleo. La industria de la madera prosperaba al costo de la depauperación de los bosques. Recuerdo que al puerto llegó un bergantín noruego de grandes velas y cargó alrededor de 4 millones de tablas de la mejor calidad.

”Trabajaba en una cuadrilla, conformada por 50 hombres. Por mi vista pasaron muchas injusticias. Al padre de Emiliano Fernández se le enredó el guante de la mano derecha en el guinche y perdió dos dedos. Quedó inutilizado para toda su vida. Tuvo que buscar otro empleo, porque un lesionado no tenía protección ni leyes que lo amparara”.

El corte de bolos era el trabajo más difícil y complejo de la industria maderera en Santa Cruz del Sur. Pero Albérico Ulises Álvarez Reyes no tuvo otra alternativa que asumir ese empleo:

“Estábamos expuestos al sol, la lluvia, los jejenes y al peligro de ser aplastado por uno de esos grandes árboles. Desde los 13 años de edad me incorporé a ese trabajo. No tenía otra opción. Laboraba en la finca Palizón, donde abundaba el cedro, la caoba y el júcaro.

”Junto a mi padre tenía una contrata de cortar júcaro negro de 30 piesde largo y 35 pulgadasen la rabiza. Mi padre dijo que parte de esa madera estaba destinada a la construcción del canal de Panamá. Llegaron a miles estas estacas de júcaro negro. La sacábamos del monte con el empleo de bueyes. Cuando todo estaba dispuesto, los navíos extranjeros se fondeaban frente al Palizón. Se colocaban unas balizas hasta el mismo sitio donde estaban anclados los barcos.

”La finca el Palizón abarcaba unas 40 caballerías, propiedad de mi padre. También era dueño de La Aura Oriental, de 50 caballerías; Sabanilla, 80; Sao Guano y Guano Alto, 30. Todas ellas estaban ubicadas en Buenaventura, del término de Santa Cruz del Sur.

”La Palmita se comunicaba con el embarcadero por medio de la línea del ferrocarril de vía estrecha por donde circulaba una locomotora que funcionaba con leña.

”Mi padre poseía también una embarcación dedicada al cabotaje y por necesidad se asoció a un «amigo» que lo llevó a la ruina al poner una tienda mixta al por mayor.

”De la noche a la mañana quedó en la quiebra y lo perdió todo, al extremo que no tenía ni para la alimentación de la familia. Es como dice el refrán nadie está contento con su suerte y también es real que la avaricia rompe el saco. Ahora pienso que solamente con la finca el Palizón, que abarcaba incluso un aserrío y con la Palmita, mi padre hubiera podido vivir toda su existencia sin aspirar a más.

”Pero él, veía en aquella riqueza muy poco y quería extender su negocio, pero se asoció a un hombre mucho más ambicioso que él, que a la vez fue un tramposo y lo dejó en las ruinas. Este hombre llegó con la convicción de que la posesión es más fuerte que la propiedad. Ellos llegaron a imprimir monedas de a un centavo, dos, cinco, diez y veinte centavos. ¿Cómo se las arreglaría y de qué maña se valió para apoderarse de todo y dejar en la ruina al viejo? Nunca lo pude comprender.

”Luego mi padre adquirió una goleta, La Luz que cubría la ruta Santa Cruz-Manzanillo-Cienfuegos. Transportábamos carbón y carga blanca. Navegué en ella durante más de un año”.

La industria maderera de Santa Cruz del Sur creó muchas fuentes de empleo, algunos sumamente peligrosos. Pero a Teófilo González Mantilla le correspondieron muchas veces los trabajos más arriesgados o de poco ingreso económico, pero no tenía otra opción:

“Junto a Salvador Pacheco me dedicaba a cargar piedras y las cabezas de los troncos de madera fina. En un chalán transportábamos los pedazos de cedros, caoba y otros arrojados al mar. En las panaderías nos pagaban un peso por cada cien cabezas. Luego trabajé en la distribución de pan. Me pagaban dos pesos mensuales”.

Nota de referencia

[1] Desde inicios del siglo XVIII por los esteros de Polizón, Sabanalamar y Guayabal, entre otros, se desarrolló un activo comercio de cueros o garambre entre regiones vecinas. Además la explotación de forma indiscriminada de los bosques santacruceños comenzó desde el siglo XIX y continuó en el siglo XX.


22 comentarios on “Santa Cruz del Sur, Cuba: Grandes veleros en el puerto”

  1. GREGORIO MOYA VIDAL dice:

    muy interesante esta historia de mi pueblo siempre se aprende mas felicidades najarro

  2. hola lazaro formidable historia santa cruceña nunca la habia leeido me gusto mucho nunca la habia escuchado en verda amigo que eres tremendo periodista saludos rosa maria de la playa

    bonita de santa cruz del sur

  3. ERIK FUNDORA SALINA dice:

    GRACIAS HERMANO LAZARO POR TODO TU GRAN TRABAJO,COMO DIGO SIEMPRE ERES UN GRAN ESCRITOR Y UN SER HUMANO SIN TACHAS,DIGNO CUBANO REVOLUCIONARIO,ABRAZOS HERMANO

  4. silvia Canete dice:

    Lindas historias del terruno, nos hace vivir suenos de la adolescencia y de nuestra infancia

    • Desde tu casa, Silvia, en Playa Bonita, se podía apreciar todo el panorama marítimo de Santa Cruz del Sur. Lamentablemente, como consecuencia del cambio climático, Cayo Muerto, ha saparecido…Las aguas del mar lo han sepultado. Recuerdo que en las temporadas de verano se organizaban actividades festivas en aquel maravilloso sitio que devino escenario de una de las narraciones del escritor cubano Enrique Cirules en su obra sobre dedicada a los combatientes de las fronteras sureñas.

  5. lazaro ponce de leon dice:

    Me gusto mucho esta historia y poder conocer mas de la tierra que nos vio nacer.
    saludos Lazaro y te deseo m uchos exitos. Lazaro ponce de leon

    • No esta de más reiterar que en Buenos Aires, Argentina se puede adquirir, a través de INTERNET, el libro Sueños y turbonadas con narraciones interesantes sobre Santa Cruz del Sur.
      http://www.elaleph.com/libro/Suenos-y-turbonadas-de-Lazaro-David-Najarro-Pujols/51196/

  6. Exelente narración amigo Lázaro, lo publicas de tal manera que haces que uno se interese por esas tierras y costumbres que jamás pensé que existieran, es que soy mexicano y no conozco nada de la Geografía cubana. También me entero de la voracidad, como aquí; de las transnacionales que acaban con los recursos naturales de otros países sin misericordia
    Felicidades por este artículo, un saludo para tí y para el gran comandante que frenó esos abusos. José Agustín Díaz Bautista.

  7. roger hernandez dice:

    Gracias Najarro por dar a conocer nuestro pueblito al mundo mundo

  8. Ramon Perez Riera dice:

    Mis abuelos nacieron en Santa Cruz del Sr. Francisco Riera y Riera, casado con Josefa Carbonell Santana. Mi abuelo trabajaba enasuntos de madera. El ciclon de Santa Cruz del Sur fue el 9 de Nov. 1932, no seguro del año. Yo, Ramon Perez Riera viviamos en Palma Soriano, pero visitavamos Santa Cruz a ver familiars (Narcisa de Miranda), Pilara Garcia etc. Tenian una casa de madera que el gobierno les dio despues del Cicló. en calle F # 51. Yo tenia 10 años cuando fuui a Santa Cruz del Sur por primera vez. En aquel fatidico ciclón, perdimos 13 familiars. Recuerdo con mucho cariño aquel pueblito querido, ya cuento con 80 años de edad. Ramon Perez Riera. em. ramonperezriera409@yahoo.com

  9. Rodolfo dice:

    No naci en Santa Cruz, pero mis abuelos maternos se vivieron en la Playa, por cierto frente de casa de Pepelin, son de apellido gato, los abuelos ya murieron pero me quedan tios por alla, con los cuales mantengo un relacion muy cercana, me encanta este pueblo y lo visito cada vez que puedo, gracias por tu libro tratare de encontrarlo

  10. Liuvis Calderón dice:

    Gracias Najarro hermosa narración localizare el libro es interesante leer sobre nuestro querido pueblo sobre todo por alguien que lo describe con tanto cariño. Felicidades eres un excelente peeiodista. Mis Saludos.


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