El Heberprot-P y yo. Los primeros pasos seguros de un chachachá por la vida. Testimonio de José Dos Santos

Una experiencia en carne propia, el Heberprot-P y yo

Por José Dos Santos

Sabía de su existencia mucho antes de que medios de prensa le dieran a conocer al público como novedad curativa desarrollada por la ciencia cubana para el pie diabético.

Mas de tres años atrás había conocido a un joven científico que encabezaba un grupo empeñado en desarrollar un producto que le diera esperanzas de curación a aquellos que sufrían lesiones en sus extremidades inferiores y que terminaban, por lo general, en amputaciones.

Yo fui entonces de los que no pude evitar el bisturí cercenador y perdí un dedo por una bacteria alojada en una articulación. Ahora soy de los que ha salvado otro por la oportuna pericia del profesor Héctor Álvarez, director del Instituto de Angiología y Cirugía Vascular (La Habana), y la aplicación del Heberprot-P, resultado de las investigaciones lideradas por el doctor Jorge Berlanga

La historia actual comenzó en Argentina, en donde asistí a importantes reuniones de agencias de noticias de Latinoamérica y del mundo. De allí regresé a casa con un pie inflamado y una creciente cojera. No me había percatado que al sumirme en muchas actividades, entre ellas caminatas, y tener poco cuidado, me había lesionado la base del dedo más importante del pie izquierdo, el del extremo derecho, el artejo primero, mejor conocido como gordo. (¿Sería mejor decirle el pulgar inferior izquierdo?)

Sintetizo la narración diciendo que fue la intervención del doctor Héctor Álvarez lo que impidió que yo terminara en la mesa de operaciones para perder otro pedacito de mí. Él, con cara de extrema preocupación, rebanó en par de sesiones la parte necrosada de ese apéndice y orientó de inmediato aplicarme el eficiente antibiótico en vena conocido como Rosefín y el indispensable reposo, entre otras acciones. Como no había camas disponibles, asumí ingreso domiciliario, con el rigor correspondiente a la gravedad del asunto.

Placas al pie y análisis de sangre dieron buenas noticias: la infección no había afectado el hueso del dedo y la glicemia estaba en orden (4,8). Lo más alterado no era preocupante, porque la hemoglobina en 15 reflejaba, entre otras cosas, el impacto argentino en mi alimentación.

Y avancé a buen paso, gracias al cuidado –como siempre muy eficaz- de mi esposa, su atención integral, incluida una dieta adecuada, y gestión sistemática. Por ella conté con maravillosas enfermeras como Ivón y Mónica para 15 días de dos pinchazos  diarios del poderoso Rosefín.

Comenzó entonces un remontar la cuesta o, mejor dicho, llenar el espacio dejado por bisturí y tijeras. En la tercera ocasión que el Dr. Héctor me atendió, a la semana de mi regreso, le hice la anécdota relacionada con mi amputación de tres años atrás, cuando el cirujano –y luego amigo personal- doctor Daniel Reinaldo me dijo al terminar la operación: “tenemos ganado el 50 por ciento de la pelea”. Mi respuesta fue de preocupación: “Aún nos queda otro 50 por resolver el problema”. Por suerte, a la semana ya estaba de alta.

El profesor Álvarez dio su primera valoración, mirando lo que tenía delante: “ahora estás en un 5-10 por ciento”. El lunes siguiente elevó a 30 las posibilidades de solucionar la crisis y pocos días después ya habló de 60 por ciento. Cuando me informó, con una entusiasta sonrisa iluminándole el rostro: “estamos al99,9”, anunció el inicio del tratamiento con el ya famoso Heberprot- P, una fórmula casi mágica por sus resultados en más de 3 mil pacientes tanto en Cuba como en otros países.

Así comenzó la aplicación de esa sustancia, inyectada en y alrededor de la zona a recuperar, que realizó en sus primeras nueve aplicaciones el propio Héctor Álvarez y, a partir de la décima, la licenciada en podología Miriam Mesa, quien se encarga de mis pies desde hace varios años y también fue instruida para trabajar en este procedimiento.

Ella me narró algunas de sus experiencias más notables, como fue el caso de un paciente de mi edad, 63 años, cuya pantorrilla derecha iba camino a ser amputada por la infección ocasionada por un mosquito y que logró recuperarse de una gran incisión gracias al Heberprot-P.

En todo este proceso mantuve estrecho contacto con el profesor Berlanga, a quien conocí en la época durante la cual este producto estaba en fase experimental y cuyos comentarios y observaciones han sido de gran utilidad, tanto para mi ánimo como para el proceder mismo.

Este relato se complementa con un recuadro en el que aparecen informaciones más detalladas. Dependiendo del soporte en que se lea, se podrá apreciar algunas de las fotos que tomé y me tomaron desde un inicio. Sólo envié algunas a los más íntimos a partir de la evaluación del casi 100% porque las anteriores no eran para estómagos sensibles.

Gracias a María Josefa y Yeniel, mi esposa y colaborador, respectivamente, y algunas fotos propias, he podido dejar constancia de la evolución de este episodio, una gran lección de múltiples vertientes: La personal, por lo que significa el cuidado, atención a recomendaciones médicas (como las del profesor Alberto Quirantes, que acompaña esta nota como recuadro), ser apoyado sin desmayo por quienes lo quieren a uno, atendido con simpatía por excelentes personas como Venus, Dailí y Judith y no perder nunca la esperanza de vencer. La médica, por el agradecimiento al empeño, seriedad y profesionalidad de personas como Héctor, Ivón y Mónica. La científica, por los logros que ha alcanzado nuestro país y que aquí encarnan Jorge Berlanga y aquellos que le acompañaron en la creación del Heberprot-P. La humana, por la prioridad que tiene la vida, la salud, el bienestar del paciente y su futuro para la sociedad cubana, por encima de las valoraciones costos-precios que priman en otros lugares en el mundo.

 

Gracias a residir en Cuba, tener seres queridos como los que tengo, un sistema de salud perfectible pero esencialmente solidario y al Heberprot-P, festejé el inicio de 2011 dando los primeros pasos seguros de un chachachá por la vida.

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2 comentarios on “El Heberprot-P y yo. Los primeros pasos seguros de un chachachá por la vida. Testimonio de José Dos Santos”

  1. Cuqui dice:

    Qué bien Najarro:
    Me gustó este testimonio. Gracias a ti y a Dos Santos. Me alegro por él que todo haya salido bien. Al Dr. Quirantes lo conocí aquí, una persona muy carismática y experto conocedor de ese Heberprot-P. Cuando habla del producto hace que hasta el más incrédulo crea en él. Impartió conferencias magistrales, esas que son de verdad y basadas en una tremenda experiencia. Te felicito por esto.

  2. Mireya Gonzalez dice:

    Buenas Noches, soy de Panama, Rep de Panama, tengo una amiga que no es diabetica pero por una condicion vascular ha agotado muchos recursos medicos para una insatisfactoria recuperacion, al punto que ya los medicos le han recomendado una amputacion. Quisieramos saber si en Panama se comercializa el Herberprot-p o si hay algun plan de ayuda en los casos de personas con pocos recursos para que ella pueda viajar a Cuba a recibir el tratamiento.
    Gracias por cualquier informacion que puedan brindarnos.


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