La fuerza del amor (Fragmento del relato Muchacho de los Canarreos)

El amanecer se presenta hermoso en el río Las Casas, donde están acoderadas decenas de embarcaciones. En el espigón observo a una joven. Está en la ribera del río, sentada en el borde del muelle. «¿Qué hace, esa muchacha? ¿Se va a caer? ¡Intenta extraer agua! Concho, perdió el cubo que se hunde en las aguas. Esta es mi oportunidad de ir a ella».

La muchacha busca ayuda con la vista. Le doy los buenos días.

 –Yo encontraré el cubo. Estoy entrenado para tantear en los fondos oscuros –exagero.

 –Me harás un gran favor. Es para la limpieza de la oficina. Trabajo en la cooperativa pesquera.

–Déjame buscar en el barco, una careta de buceo.

En un primer intento, no encuentro el cubo; en el segundo, lo toco con la punta de los dedos y en un tercero lo llevo a la superficie. La muchacha ríe contentísima por el hallazgo.

–Muchas gracias. Me evitaste una explicación a mi jefe.

–Es mí deber ayudar.

–¿Qué haces en ese barco?

–Soy estudiante de marinería y practico buceo –digo un tanto exagerando: jamás me he puesto un traje de buzo, aunque puedo recorrer varios metros por los fondos marinos sin respirar.

–¿Buzo?

–Buzo, buzo, no tanto, pero sí estudiamos en La Habana para comenzar un proyecto de siembra de esponja.

–Eso debe ser muy interesante.

–Si, es muy interesante. ¿Sabes? Eres muy bonita.

 – Gracias, por el cumplido –responde sonrojada.

–No es cumplido, eres una joven muy bonita. ¿No te lo habían dicho?

Realmente me cautiva la muchacha. Le miro con disimulo y veneración a los ojos verdes-castaños. Es delgada, muy frágil y tiene cabellos cortos, brillantes y lisos.

–¿Sabes? Tú eres muy simpático.

–Para esconder mi tristeza.

–Pues, no me pareces un muchacho triste –me dice sonriendo.

Cuando me fija la vista me ruborizo, me paraliza la timidez, pero intento disimular mi cortedad. Sonríe dejando asomar sus labios sensuales que hubiera querido, tan siquiera acariciarlos con la yema de mis dedos. Es la primera vez que miro a una chica tan de cerca como para sentir el calor húmedo que sale de su cuerpo y percibir su respiración.

–¿Qué tiempo estarás en ese barco?

No respondo. Me encojo de hombros. La observo de reojo. Usa pantalones de la milicia y camisa de una tela blanca y finísima en la que se insinúa sus senos y la esbeltez de su cuerpo.

 –Me miras de una forma que me pones nerviosa.

–Perdona, no es mi intención…

–Lo sé. No te disculpes.

Ella me mira con unos ojos sin artificios. Estoy tan nervioso y con tanto ensimismamiento ante su belleza que no le pregunto su nombre. Mientras la contemplo, a su alrededor los pescadores la saludan.

–¡Adiós preciosa! Es tu novio…

Medito: « ¡Ojala fuera mi novia! Es un saludo no exento de intención irónica. En definitiva ella les presta apenas atención. Quizás estas personas son desconocidas para ella. Sólo la miran atrapados por su belleza y juventud».

–No sé quiénes son. Lo hacen para molestarme. ¡Son unos pesados!

Mira a su alrededor. Está buscando una excusa para evitar mi mirada. Sus mejillas se tornan rojas. Señala con disimulo un viejo pescador con facciones asiática que dormita sentado en una silla, muy próximo a una inmensa nevera frigorífica. El viejo simula leer el periódico local.

–Ese anciano lleva viviendo muchos años en la Isla. Primero era pescador. Ahora trabaja en la nevera.

–¿Es un chino?

–No. En la Isla residen algunos familiares de la colonia japonesa. Dicen que aquí se asentó a inicios del siglo XX y que es la segunda colonia de japoneses mayor en nuestro país. El mejor melón de agua de Cuba lo cultivan estos japoneses ¿Tú estarás muchos días en Gerona?

–No puedo determinarlo con exactitud. Como te dije, estoy aquí de paso, pero me encantaría incluso vivir en la Isla… Prometo regresar –sonrie.

–Pues mira, a ti que te gusta la pesca, a unos 100 kilómetros de Gerona está el poblado de Cocodrilo, conocido antiguamente como Jacksonville. Allí residen descendientes de emigrados de las islas de Gran Caimán y Jamaica, que trajeron sus costumbres y hasta su música.

Relata la historia sin dejar de mover las manos.

–Estos inmigrantes llegaron al suroccidente del territorio después de 1903. Además de los japoneses, caimaneros y jamaicanos, también residen en la Isla colonos chinos y americanos.

 –Tendría que vivir aquí un buen tiempo para poder recorrer todos esos lugares de que me hablas.

Se mantiene en silencio unos segundos. Me mira fijo a los ojos.

–A mi gusta vivir aquí en la isla. Creo que en otro lugar me moriría de nostalgia.

 –Te voy a decir algo de corazón: para mí es de gran satisfacción hablar contigo.

–A mí me ocurre lo mismo ¿Conoces Gerona?

–No, pero me gustaría conocerla. Estoy disponible después de las 5 de la tarde. ¿Me puedes acompañar? –le insinúo.

–Me agradaría mucho, pero mis padres no me dejan salir de noche. Tú me inspiras confianza. Veo en ti algo que no es común en muchos jóvenes de tu edad: sinceridad y respeto.

–Mira yo te prometo que antes de la seis estamos de regreso.

 –Quisiera complacerte, pero es que no debo.

Posee ese instituto de saber que me había enamorado. Y que además le resulto simpático. Pero me interesa más que serle simpático, aunque es un buen comienzo.

–No debes preocuparte. Será en otro momento. Debemos darnos tiempo. ¿No crees tú

Realmente no comprendo la negativa de acompañarme. Pero estaba dispuesto a esperar otra oportunidad. Quizás un domingo por el día. Tampoco insisto. Temía perder una amistad que comenzaba a nacer. Busca en su cartera, extrae un periódico y me lo obsequia. Mira hacia el sol.

–Debo regresar a la oficina.

–¿Quieres que te acompañe?

–No es necesario. Sólo tengo que subir esas escaleras.

Nos miramos a los ojos. Me observa con una mirada limpia. Me abraza y me da un leve beso en la mejilla fundidos en estrecha caricia.

–Muchas gracias. Siempre te recordaré.

Sostiene la mirada sobre la mía. Refugia su cabeza contra mi pecho. Aún embelesado le acaricio los cabellos. Ella sonríe nuevamente. Por primera vez siento en mi corazón, con tanta intensidad, la fuerza del amor.

–De verdad, muchas gracias. Siento no acompañarte hoy…

–Las gracias a ti por toda tu explicación.

Me quedo extasiado unos segundos hasta que se separa de mí suavemente. « ¿Será el amor que acaba de nacer?». Me imagino que la muchacha me toma de las manos y me lleva más allá del misterio, donde viviría eternamente con ella. Todo ha sido como soñarle, como sentirle, como “desgarrarle” su piel. No quería despertar; continuaba soñando.

–Ya sabes donde trabajo…Hasta mañana.

–¿Nos veremos temprano?

–Haré lo posible. No te lo garantizo, pero trataré de verte a las diez de la mañana. Aquí mismo. En el horario de la merienda. Antes no debe ser.

–Está bien. Sin falta. A las diez de la mañana nos encontraremos aquí, en el espigón.

Ella se retira pensativa, cabizbaja. Miro la silueta que tengo delante de mis ojos. Espero hasta que entra a la oficina. Me encamino hacia el barco con pasos ligeros volviendo la vista atrás para asegurarme que no saldría nuevamente de aquel local. Me acompaña el eco de sus palabras. Me invade la certeza de que me ama. «Qué va, voy a regresar. Tocaré la puerta de la oficina y le diré que la amo. ¿Y si se molesta? Es mejor esperar a mañana».

Ya en el barco sigo pensando en ella. Guardo el periódico que me obsequió. Lo guardo dentro de mi libreta de anotaciones y apago el bombillo que está encima del caramanchel de popa. Cierro los ojos y percibo nuevamente su mirada bella, triste, como si no me fuera a ver nunca más.

–¿Qué te pasa muchacho? ¿Estás nostálgico?

 –¡Ah Benito! No, solo pensaba. ¿Estaremos muchos días en Gerona?

–Cuando matemos la carga y nos abastezcan de combustible y hielo zarpamos. Además, espero un mensaje. Ya nos indicaran cuando zarparemos. ¿Por qué tienes algún inconveniente?

–No… No… Solo por curiosidad.


8 comentarios on “La fuerza del amor (Fragmento del relato Muchacho de los Canarreos)”

  1. liuba dice:

    bellisimaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa esta historia me parce averla vivido antes jajajajaja muaaaaaaaaaaa

  2. Delfina dice:

    Preciosa historia, lástima q el barco tuviera q sarpar.

  3. Cuqui dice:

    Linda historia… Veo que no solo merece ser un libro finalista, sino que va camino al Premio. Ya te felicito porque ser finalista lo merece. Espero ser de las primeras en saber los resultados. Lo mereces amigo.

  4. MARTHA LIDIA FERREIRA dice:

    Sencillo, limpio, sin artilugios, pero capaz de ponerlo a uno en situación y palpitar al unísono con el corazón del protagonista.
    Los soñadores, como contrapartida, tienden a aferrarse a historias temporarias. Profundas pero sin recorte de libertad.
    Bello estilo. Felicitaciones.

  5. Es una historia recreada con peronajes reales…La serie completa fue adaptada para la radio y transmitida en un programa juvenil en Radio Cadena Agramonte. Muchas gracias, por su comentario.


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