De Cuba. Santísima Trinidad: cinco siglos burlando la infinitud del tiempo

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Desde la falda de la loma de La Vigía cualquier mañana soleada se podrá observar como se yergue majestuosamente la antigua Villa de la Santísima Trinidad de Cuba, fundada  el 12 de 1514 por el Adelantado Diego de Velázquez.

Se inscribe entre las ocho primeras erigidas por los españoles en el archipiélago cubano. Posee parajes capaces de asombrar al visitante más exigente. Goza del honroso privilegio de estar entre los conjuntos arquitectónicos más completos y conservados del continente americano.

Actualmente está entre los principales atractivos turísticos de la Mayor de las Antillas, vinculados con ofertas de sol, mar, cultura, historia y tradiciones, con playas de ensueño, un impresionante salto de agua, fascinantes montañas y  estupenda historia de piratas y corsarios[1] .

En los años de su creación, la demarcación solo contaba con unas 40 familias.

Inmediatamente, en el mismo año 1514, quedó constituido su ayuntamiento con el título de Villa y nombrado gobernador el capitán Francisco de Verdugo, deudo del propio Diego de Velázquez.

A la ciudad se arriba (mediante el acceso terrestre de cuatro carreteras y una línea de ferrocarril), desde el centro este de  Sancti Spiritus y la suroeste provincia vecina de  Cienfuegos, a través de zigzagueantes carreteras de pintorescos paisajes que convierten ambas vías en toda una excursión turística, el primero, entre montañas, y el segundo bordeando el mar.

Complace estimar el Puente Azul en la carretera de Trinidad a Sancti Spíritus, Topes de Collantes y San Pedro. Por el Circuito Sur es imprescindible apreciar sus puentes y descansos, la vista al Mar Caribe que besa la costa y el verdor de las montañas.

HISTORIA

Los primeros años de su creación, Trinidad avanzó muy lentamente, aunque la villa se mostraba envidiable para muchos pobladores del centro de la colonia: su mar, a no más de 12 kilómetros de la urbe, es de excelentes playas, las más fascinantes de la costa sur de Cuba, especialmente Ancón.

Desde su ribera, Hernán Cortes zarpó en 1518, nacia la conquista de Mexico, motivo por el cual la comarca participa activa y directamente en los nuevos “descubrimientos”.

Pero por el mar también le entró la fatalidad: en 1642 y 1654 los piratas ingleses, con patente real, saquearon la villa, aunque bien pronto sus habitantes dejaron a un lado sus perjuicios con el contrabando y se inició un intercambio entre el sureño territorio y Jamaica.

Trinidad, que deviene bello tesoro de las más diversas riquezas, extendió sus límites en el siglo XVI, como consecuencia de su incipiente industria azucarera, para crecer como un núcleo urbano entre rejas de singulares formas, llamativas edificaciones y calles empedradas. Un siglo después la actividad económica se extiende a otras actividades: la ganadería, el cultivo del tabaco y comercio de contrabando.

Cuando estalla en España la guerra de sucesión, la villa no estuvo exenta de las agresiones y sus pobladores volvieron a ser víctimas de las incursiones y saqueos de los rubios de Albión. No obstante los trinitarios se armaron y respondieron a las agresiones. Se vieron obligados a realizar cuantiosos gastos para la compra de varios cruceros, con el objetivo de repeler toda agresión. Así se mantuvieron entre los años 1702 y 1713.

No valió tanta defensa militar y popular, porque en 1716, el corsario inglés Jennings arremetió contra el poblado. Fue necesario entonces idear una nueva organización defensiva dirigida por el capitán Jerónimo de Fuentes y secundado por sus moradores.

La también conocida capital de las montañas centrales de la isla posee una gloriosa historia de enfrentamientos contra ese flagelo. Por sus servicios a favor de España en la guerra contra Inglaterra, la villa recibió el título de Ciudad. La acción bélica transcurrió durante ocho largos años (1739-1747).

Su puerto abrió el tráfico en 1778. La sureña ciudad no escapó a los incendios, porque en 1793 las llamas destruyeron la mayoría de las casas y el poblado se redujo a unas 183 viviendas.

No obstante a la desgracia, la población fue creciendo paulatinamente y ya en 1827 la demarcación restringida creció a 28,706 habitantes y en 1862 a 37,509.

Finalmente en el siglo XVIII la villa desarrolla la industria azucarera, lo que le posibilita el crecimiento del fondo habitacional de la demarcación, a tal magnitud que en 1827 tuvo el privilegio de llegar a ser la urbe de mayor cantidad de inmuebles de mampostería y tejas por habitantes en la isla.

Toda la región ha sido protegida por la naturaleza. Embellecen a la villa pintorescos bosques que crecen en las montañas y valles beneficiados por las aguas del río Guaurabo. En Trinidad los conquistadores españoles encontraron una población aborigen que utilizaron como mano de obra, tierras fértiles y excelentes puertos para la preparación de expediciones.

ARQUITECTURA

Trinidad, con más de cinco siglos de existencia, también es conocida como la Ciudad Museo de Cuba. Con solo observar esa joya se comprenderá porque posee el honroso privilegio de estar entre los conjuntos arquitectónicos más completos y conservados del continente americano. Con mucha razón la UNESCO la declaró, en 1988[2] , Patrimonio Cultural de la Humanidad, junto a su Valle de los Ingenios.

La majestuosidad comienza en la denominada Plaza Mayor y su jardín de orgullosas palmas. Su arquitectura colonial la conforman amplias, ventiladas y cómodas casonas y palacios de desmesurado lujo para integrarse al arte colonial cubano y la convierten en una indiscutible joya urbanística y arquitectónica del continente.

Los trinitarios han logrado mantener la villa muy bien conservada y han hecho de la preservación de las obras de arquitectura su razón de ser, tanto las domésticas, como las públicas y religiosas.

Sobresalen los museos Romántico, el Arqueológico Guamuhaya, el de Arquitectura, el de la Lucha Contra Bandidos o el de Ciencias Naturales Alejandro de Humboldt. Se suma a estas joyas arquitectónicas los edificios de la Plaza de los Artesanos, la Casa de la Cultura y la antigua Cárcel Real.

La diferencia está en el signo decorativo de sus viviendas. Su ornamentación neoclásica se refleja en murales, molduras, marcos de madera y en las tornadizas formas que los forjadores del hierro le estamparon en los sublimes enrejados, con el propósito que se cristalizara ese entorno en uno de los mayores hechizos de la ciudad.

La vista los llevará hasta la cercana Sierra del Escambray, en la que se desarolla el turismo de salud, y Topes de Collantes, sitio que les muestra su rica naturaleza y un microclima admirable.
Dirigirán la mirada al sur, en la Península de Ancón, donde se extiende la mejor playa de la costa sur del país: Playa Ancón, e inexplicablemente, por su ubicación en el sur (zona de arenas mulatas y mayoritariamente fangosa), está entre las más bellas de todas estas ínsulas, de aguas trasparentes y arena blanca y fina.

Visitar Trinidad, rica en cultura y tradiciones, es trasladarse imaginariamente aquella villa fundada por los conquistadores españoles hace más de cinco siglos. No es necesario cerrar los ojos para la ilusión, todo lo contrario la representación de esa otrora época está en sus edificaciones, calles empedradas y las centenarias iglesias.

Visitar a Trinidad es como retroceder imaginariamente en el tiempo. Despertarán de la alucinación y regresarán a la bella ciudad del siglo XXI, en la que se combinan armoniosamente el maravilloso paisaje, las centenarias edificaciones y la modernidad, aunque manteniendo intacto su centro histórico (preserva los mayores valores arquitectónicos de la localidad, en sus 1211 inmuebles de la colonia, uno de los cuales data de 1730).

Los ojos se les humedecieron de emoción al contemplar esta radiante ciudad de cinco siglos de existencia.

Más sobre el Valle de los Ingenios

El viaje por carretera a la villa de Trinidad desde Sancti Spíritus es como retornar también cinco centurias. El recorrido de unos setenta kilómetros es muy placentero. Infinidad de puentes y hermosos paisajes convierten el paseo en una agradable excursión por el tiempo. Ya próximo a la comarca se abstraerán con el verdor del Valle de los Ingenios, a tal magnitud que los estimulará a detenerse a contemplar el panorama como si fuera el lienzo de un distinguido pintor.

Pero la naturaleza les ofrece mucho más que la obra del mejor paisajista: el Valle de los Ingenios es uno de esos prodigios que se presentan ante la vista del visitante y los traslada a la época de la fundación de Trinidad, en 1514.

Siglos atrás era una floreciente zona azucarera que hoy recupera el verdor de los otrora cañaverales en el suelo rojizo. Una colonial edificación es testigo de la existencia de la hacienda Guáimaro, cuyo propietario don Mariano Borrell y Lemus, nunca imaginó que el inmueble desafiaría el paso azaroso de tantos años.

En el Valle, patrimonio de 110 caballerías de reliquias y leyendas, hoy reserva natural y arqueológica, llegaron a existir más de 50 ingenios, que un año lograron la mayor zafra de azúcar del mundo para su época. Deviene bello paraje rodeado de montañas e irrigado por las aguas del generoso río Agabama.

Ramón de la Sagra escribió: “Todo el valle de Trinidad pertenece a un corto número de hacendados que lo han cubierto con sus ingenios y potreros, sin dejar casi nada para los cultivos menores de los sitios y estancias”[3] .

No solo por la siembra de la caña se caracterizó la región sino también por la cría de ganado y el cultivo del tabaco. Representó la época de gloria, los años del boom azucarero que permitió erigir las grandes fortunas trinitarias, las mansiones al más acendrado estilo vernáculo, con sus títulos de nobleza a expensas del inhumano trabajo esclavo.

Pero el Valle de los Ingenios y su impresionante legado de casas haciendas, torres, calderas y remanentes industriales se presenta como testigo de una lejana época. Desde la carretera podrán apreciar aún, sobrevivido al tiempo, 13 casa-haciendas, representativas de la plantación rural del Siglo XIX.

Entre tanta majestuosidad arquitectónica merece distinguir la hacienda Manaca, una de las más nombradas en Cuba y el mundo. Su instalación principal devino restaurante y establecimiento comercial.

Sobresale asimismo la torre campanario (con indiscutible influencia neoclásica y vestigio de la grandeza de antaño); la enfermería, la nave almacén-herrería.

Testimonio de aquella época colonial lo son: el cementerio y el caserío de esclavos. Los viejos inmuebles no responden a la típica estructura de barracón, sino a casitas organizadas a modo de pequeño batey.

La Torre de Manaca los estimulará a escalar el imponente baluarte que se eleva a 43,5 metros de altura. En lo más alto de la edificación podrán observar estupefacto una de las más increíbles vistas del Valle de los Ingenios –vigía del tiempo– en cada uno de sus puntos cardinales.

Afirma el escritor Benito Estrada que Trinidad es la urbe cubana donde nada estorba para adentrarse en su origen, 500 años atrás, tanto en el Centro Histórico con sus calles empedradas, la ornamentación y rejería de las viviendas y palacios… y la visión verde azul panorámica de la Sierra del Escambray y el Valle… desde la Torre Iznaga, edificada por la disputa legendaria entre dos hermanos: uno, el de la torre, queriendo llegar hasta el cielo; el otro, hasta el infierno con un pozo a metros de dicha torre.

La Torre de Manaca

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Notas:

[1] Los piratas robaban por su propia cuenta por su afán de lucro y los corsarios, un marino particular contratado que servía en naves privadas con patente de corso para atacar naves de un país enemigo.

[2] El Centro Histórico de Trinidad y su Valle de los Ingenios quedaron inscriptos en la lista de Patrimonio Mundial enla Duodécima Reunióndel Comité de Patrimonio Mundial celebrada en Brasilia , Brasil entre los días 5-9 de diciembre de 1988.

[3] http://www.nnc.cubaweb.cu/historia/historia7.htm

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16 comentarios on “De Cuba. Santísima Trinidad: cinco siglos burlando la infinitud del tiempo”

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  9. […] resistencia de los indígenas del interior del país, se erigieron las restantes villas: Bayamo, Trinidad, Sancti Spíritus, Puerto Príncipe (hoy Camagüey), Santiago de Cuba ―convertida por él en la […]

  10. […] 1515) se erigieron de Oriente a Occidente las primeras ocho villas: Baracoa (1511), Bayamo (1513), Trinidad (1514), Sancti Spíritus (1514), Puerto Príncipe (1514), Santiago de Cuba (1515) y La Habana […]

  11. […] Spíritus, Cuba, 1 agos.- La Villa Santísima Trinidad, una de las primera ocho fundadas por los conquistadores españoles en la mayor de las Antillas, es […]


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