Rajado, ni muerto (Fragmento del libro inédito Muchachos de los Canarreos)


Tengo la esperanza de permanecer en la escuela. Casi todos los meses regresan a sus casas a los indisciplinados o los que por su propia voluntad se quieren ir al no aguantar la separación de la familia. Un día me llevo una gran sorpresa. Mi hermano Manuel me dice que se va exponiendo muchas justificaciones.
–Ya no hago nada aquí. Me voy.
–Te vas, no. Te rajas como se raja una penca de yagua.
–Yo no me he rajado. Ya aprendí lo que tenía que aprender. Y tú deberías regresar con nosotros.
–Yo me quedo. Allá tú que te rajaste como una penca de yagua.
A veces lloro por el deseo de regresar. Lloro en solitario para que Santiago, Miguel, Pedrito, Onelio y los demás no me vean. Es mejor llorar en solitario que llegar a la casa rajado.
La disciplina de la escuela no muchos la pueden soportar. Las supervisiones son constantes y de forma sorpresiva.
–Oye, David… El Instructor está supervisando las habitaciones. Apúrate y arregla tú cama, que viene que corta y con una peseta en la mano. Ya dejó sin pase a los alumnos del curso de patrones –me avisa Miguel.
–No, Miguel, él no tiene tiempo de revisar todos los cuartos. Quizás mañana.
–Oye, ese es el problema, que no está revisando todos los cuartos, sino a los que siempre les han encontrado desorganizados.
–Dale, dale, arregla tú cama y después la de Ángel. Yo me encargo de la cama de Manuel. ¡Vamos, apúrate!
–Buenos días. ¿Ya están listos para la supervisión? –nos saluda el Instructor.
–Buenos días. Claro, pase, pase.
–¿Y los demás compañeros?
–Santiago, es del curso de patrones. Está en clases, a Manuel, usted mismo le dio permiso y Ángel, regresará a su casa la próxima semana. Él está enfermo. Pero como usted puede ver, todas las camas están tendidas –responde Miguel.
El Instructor sustrae una peseta del bolsillo del pantalón y la deja rodar por la cama de Santiago.
–Mire, así es como debe ser. Esta si está bien tendida. La peseta rodó de extremo a extremo. Vamos a la tuya David. Pero está cama no esta bien tendida. Aquí veo unas arrugas.
–No, Instructor, esa no es la mía. Es la de Ángel. La mía es ésta.
–¿Desde cuándo esa es tú cama? ¿Quién te autorizó a cambiar?
–Instructor, usted me autorizó la semana pasada.¿No lo recuerdas?
–Yo no lo autoricé. Yo te dije que después veríamos eso. Aún a Ángel no le han dado la baja. Pero, bueno, bueno. Está bien. Por hoy es suficiente.
La mayoría de los que viajaron conmigo de Santa Cruz se han rajado.
–¿Qué te pasa David? Te veo triste –me dice Miguel.
– Coño, Miguel, casi me han dejado solo. Mano se fue y todos se están rajando.
– Es verdad. Se han ido unos cuantos de Santa Cruz: hasta tu hermano.
–No llegamos a seis los que nos quedamos en la escuela y éramos 40.
–¿Y tú mamá no te visita?
–No voy a permitir que mi madre venga a visitarme para evitarle gastos en pasajes, alimentación y hospedaje. Ella está divorciada y vive de lavar y planchar ropas. Yo tengo que aguantar y echar p alante aquí, pero nunca pensé que mi hermano se fuera a rajar.
A las asignaturas les dedico muchas horas de estudio. Aún no he cumplido los 15 años de edad, pero estoy seguro que una suspensión de cualquier contenido podría ser la gota que colme la copa. Estoy perfectamente consciente de que los buenos resultados docentes me pueden dar la oportunidad definitiva de permanecer en la escuela.
–Si dejas la escuela nadie te dirá rajado, porque eres menor de edad –me sugiere Miguel.
–¿Quién te dijo que soy menor de edad? Yo tengo 16 años.
–Tú mismo. No lo recuerdas. Oye, ahí viene Blanquita. Tú profesora preferida.
Blanquita es un encanto no sólo por su belleza física sino además por su amabilidad y sencillez. A veces le miro con disimulo las exactas caderas.
Blanquita viste sencilla, pero con mucho gusto. Es una mujer elegante, no sólo en el vestir sino también en la manera de caminar, de mover las manos. Es elegante hasta en la mirada. Tiene una dulce voz mecida. Quizás Blanquita es la que más me consiente de todos los profesores y con la mejor que me entiendo.
–Cuando vayan a realizar las prácticas, yo seguiré con ustedes impartiendo mi asignatura.
–Profesora, eso sería lo ideal.
–Ah, David, ¿y esa contentura tuya? –Miguel me observa de reojo.
–¿Tú no estas contento?
–Sí, pero no tanto como tú. Chico, que suerte tú tienes, la profesora Blanquita hace la vista gorda a tus llegadas tardes al aula y a mí no me dejó entrar hoy –me dice Miguel al verme contemplar a la profesora.
– Me consiente porque siempre saco buenas notas en las pruebas de gramática.
– Sí y porque ella sí sabe que tu nada más tienes 14 años.
– Casi quince, Miguel, pero ella sí lo sabe.
Ambos reíamos…
–Muchas felicidades, muchachos. Vencieron todos los contenidos. Les corresponde ahora prepararse políticamente. Van a estudiar sobre el Che en Bolivia. La lectura fortalece nuestra convicción y el alma. ¿Vieron como el tiempo transcurrió rápido? Ahora a prepararse bien para vencer las prácticas.

Capítulo 1: ¡Soñar despierto!

Capitulo 2: Haz lo que digo…

Capitulo 3: Los Guachos

Capitulo 4: El ritual

Capitulo 5: Si demoran se les muere

Capitulo 6: Rajado, ni muerto

Capitulo 7: La fragancia del mar

Capitulo 8: Magnitud de coral

Capitulo 9: ¡Muchacho al agua!

Capitulo 10: La felicidad se va

Capitulo 11: Un enjambre de mosquitos

Capitulo 12: El Sargento

Capitulo 13: Temporal en alta mar

Los siguientes capitulos no están disponibles en  este blog

Capitulo14: ¡Un día detrás de otro!

Capitulo 15: Proa a una Isla Mágica

Capitulo 16: La fuerza del amor

Capitulo 17: Las Picolinas

Capitulo 18: Ojeada centellante

Capitulo 19: ¡La caldera del Diablo!

Capitulo 20: Peces ciegos (Solo disponible un fragmento)

Capitulo 21: Carnada para tiburones

Capitulo 22: La confianza

Capitulo y final  23: El pretexto


One Comment on “Rajado, ni muerto (Fragmento del libro inédito Muchachos de los Canarreos)”

  1. […] Cuba, 15 feb.- El relato Rajado, ni muerto destaca entre los finalistas en el  XXV Certamen Internacional de Poesía y Cuento Voces del Alma, […]


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